Contra
la hipervisibilidad
El
indeterminado mundo figurativo de Paco de la Torre experimenta un acercamiento
al cosmos constructivista.

Pintura.
Paco de la Torre.

Galería
Alfredo Viñas. Málaga. C/ José Denis Belgrano, 19. Hasta el 5 de mayo de
2001.

Incluido
en las principales exposiciones colectivas que durante la segunda mitad de los
noventa han querido mostrar el estado actual de la figuración española
—Muelle de Levante, De la Valencia metafísica, Canción
de las figuras—, el pintor Paco de la Torre (Almería, 1965), educado artísticamente
en Valencia y en Milán (en cuya Academia de Brera disfrutó de una beca
concedida en 1989), ha tenido desde muy pronto el apoyo de Ramón García
Alcaraz desde la galería My Name’s Lolita Art, así como la fortuna crítica
de ser también respaldado por
Juan Manuel Bonet, quien lo ha vinculado a un
heterogéneo movimiento neo-metafísico y ha relacionado su pintura, tanto desde
el punto de vista cromático como formal, con
la del italiano Salvo y la brasileña Tarsila do Amaral. Sin embargo, la inserción
de Paco de la Torre en el ámbito de la figuración
—una tendencia que se ha mostrado especialmente activa en el área
valenciana y donde, entre otros, se situarían autores como María Gómez,
Gonzalo Sicre, Dis Berlin, Antonio Rojas y Ángel Mateo Charris, éste último
quizás el más conocido del grupo—
ofrece algunas peculiaridades que tienen que ver con su específico
lenguaje plástico, esto es, un lenguaje que si bien presenta rasgos inequívocamente
figurativos, incluso narrativos, con claras referencias extraídas de la pintura
metafísica italiana y de la vanguardia surrealista, también lo es que desde
1998 al menos mantiene un acercamiento cada vez más intenso con las formas geométricas
de la vanguardia constructivista. En realidad, la postura de Paco de la Torre es
la de quien se nutre y encuentra su principal fuente de inspiración en la
propia tradición artística, en este caso en la riquísima experiencia del período
de entreguerras, particularmente fecunda para él en todo lo que se refiere a
los pintores metafísicos italianos, de los que ha sabido captar una atmósfera
tensa y pesada que, junto a su predilección por la forma arquitectónica y la
soledad de sus paisajes, convierte su obra en una extraña y paradójica fusión
de serenidad, misterio e inquietud. A él más que a otros pintores del cosmos
figurativo podrían aplicársele las palabras que Carlo Carrà escribió en 1919
en Valori Plastici: «El pintor-poeta siente que su verdadera esencia
inmutable nace en ese reino invisible que le ofrece una imagen de eterna
realidad».
En
esta muestra, formada por cuadros cuyo nexo de unión está constituido sobre
todo por la excelente factura y por el color, se exponen los tres tipos de imágenes
con los que Paco de la Torre está trabajando simultáneamente en la actualidad:
las que exhiben una poética más narrativa y dependiente del surrealismo (El
testimonio de su imagen), las que se vinculan a la desnuda geometría del
constructivismo (El velo de la nostalgia) y las que se mueven en un
territorio formal más indeterminado e impreciso (El baño de las hipálages,
Impaciencia). Es precisamente esta indeterminación la que acentúa el
carácter fronterizo de algunas de estas imágenes, convirtiéndolas asimismo,
como resalta David Pérez en un bello texto, en resguardos seguros contra esos
obstáculos para el reposo de la mirada y la hermenéutica que son la
hipervisibilidad y la videopatía que nos invaden por doquier.

©Enrique
Castaños Alés
Publicado
originalmente en el diario Sur de Málaga el 23 de abril de 2001
