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El deseo en pos de la belleza
Escultura. José Seguiri. El rapto de Europa.
Jardines de la Casa Fuerte Bezmiliana. Rincón de la Victoria (Málaga). Escultura permanente.
La reciente
ubicación de una monumental escultura de José Seguiri (Málaga, 1954) en los
jardines que rodean la llamada Casa Fuerte de Bezmiliana, en el corazón del
municipio del Rincón de la Victoria, permite al curioso y al aficionado disponer
de una privilegiada oportunidad para considerar los
Una de las más célebres y extraordinarias representaciones de la leyenda es el cuadro de Tiziano encargado en 1559 por Felipe II, que llegó a estar en los apartamentos del rey de España en el Alcázar madrileño y que hoy conserva el Isabella Stewart Gardner Museum de Boston. De un intenso simbolismo, esta obra maestra de Tiziano, que recurre a fuentes formales sacadas del fresco de la Galatea de Rafael en la Villa Farnesina de Roma y también recibe influencias del famoso Toro Farnese del Museo Nacional de Nápoles, presenta a la ninfa con sus vestiduras ondeando trémulas al soplo de la brisa, según dicen los versos de Ovidio. Allí, en el Alcázar, vio el lienzo Rubens, probablemente en su viaje a Madrid de 1628, haciendo de él una de las más ensalzadas «copias» de toda la historia de la pintura, que atesora el Prado. O bien el cuadro del veneciano o bien el del flamenco, sirvieron a Velázquez de inspiración para el tapiz del fondo de Las Hilanderas, como es bien sabido. Seguiri también sigue los detalles esenciales del mito, aunque prescinde de las ropas de la ninfa, y, lo mismo que Tiziano y Rubens, hace que Europa se agarre con la mano izquierda a un cuerno del animal, mientras que Ovidio menciona la diestra. Las rotundas formas del grupo, su estilización y la expresión de un volumen de perfecta limpieza, de una típica claridad que no es ajena a un cierto efecto decorativo, evocan el espléndido óleo de Félix Valloton de 1908 que guarda el Museo de Berna, aunque en el cuadro del nabi la doncella se agarra con fuerza con ambas manos a los cuernos del animal, ya bastante entrado en el mar. Una vez más Seguiri hace un canto a la sensualidad y a la alegría de vivir de la vieja civilización mediterránea, a ese legado clásico que une el profundo simbolismo de los mitos con la cordura de la razón, aunque en la antigua leyenda contada por Ovidio el toro, animal indómito consagrado a Poseidón en Grecia, también simbolizase el desencadenamiento sin freno de la violencia, bien es verdad que atemperada aquí por la pasión amorosa.
© Enrique Castaños Alés Publicado originalmente en el diario Sur de Málaga el 24 de junio de 2005
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