Tösen från Stormyrtorpet («La muchacha de Stormyr», o «La muchacha de la pequeña granja»; Stormyrtorpet = granja pequeña), dirigida por Victor Sjöström en el verano de 1917.

 

 

Productora: Svenska Biografteatern.

Guión: Victor Sjöström, según la novela homónima de Selma Lagerlöf (1908).

Fotografía: Henrik Jaenzon.

74 m. Muda. B/N. 290 escenas. 90 rótulos. Drama en cinco actos. Esta película ha sido restaurada por el Swedish Film Institute.

 

Reparto:

Greta Almroth: Helga Nilsdotter.

Lars Hanson: Gudmund Erlandsson, propietario de Närlunda.

Karin Molander: Hildur Persson. Interpreta a Marthe Charpentier en Erotikon (1920).

Nils Arehn: el juez. Interpreta a Björn Bergstéinsson en Berg-Ejvind (1918).

Josua Bengtson: el agente de policía.

Georg Blomstedt: Erik Persson, el padre de Hildur.

Jenny Tschernichin-Larsson: la madre de Hildur.

Thekla Borgh: la madre de Helga.

William Larsson: el padre de Helga.

Concordia Selander: Ingeborg, la madre de Gudmund. Trabajó después en Herr Arnes Pengar.

Hjalmar Selander: Erland Erlandsson, el padre de Gudmund. Trabajó después en Herr Arnes Pengar.

Gösta Cederlund: Per Mårtensson.

Edla Rothgardt: la esposa de Per Mårtensson.

 

El  crítico sueco Bengt Idestam-Almquist, en su estudio de 1952 titulado Cine sueco: drama y renacimiento (Buenos Aires, Losange, 1958), explica lo siguiente en el capítulo VIII (págs. 123-127):

El rodaje de Tösen från Stormyrtorpet tuvo lugar durante un descanso en el rodaje de Berg-Ejvind. Su longitud es menor que la de este último filme: cinco actos, lo habitual entonces en Suecia. La idea de filmar una película basada en un libro de Selma Lagerlöf se le ocurrió a una señora del norte de Suecia. Escribió a Sjöström, y éste lo pensó despacio. Por su lado, estaba decidido a aceptar: el tema era de su agrado, con personajes vivos y reales, y una acción simple y simpática. El problema consistía en qué pensaría la escritora. Se decía por entonces que la ganadora del Premio Nobel de Literatura de 1908 era una mujer difícil de tratar. Victor Sjöström envióle una carta. La respuesta de Selma no contenía nada que pudiese espantar al realizador. Sjöström puso manos a la obra y reelaboró el argumento con la ayuda de un colaborador. La película pone claramente de manifiesto la diferencia entre los filmes suecos precedentes y los correspondientes a la llamada «edad áurea». La novela de Selma Lagerlöf posee el sentido de la acción. Aparentemente, la novela era una novela «amarilla», como las de Agatha Christie. Pero Selma Lagerlöf supo agregarle las convenientes complicaciones, especialmente de carácter interior, a fin de mantener tensos los nervios del público. Lo que sobre todo interesaba a Selma Lagerlöf, en torno de la acción fundamental, son las personas, con sus pensamientos, sentimientos y reacciones diversas. Obtener un retrato de los personajes y de cómo reaccionan en sus enfrentamientos recíprocos: éste era su concepto fundamental, y justamente en él estriba la diferencia entre literatura amena y barata literatura amarilla, entre Selma Lagerlöf y Agatha Christie. Ambas especies de novelas tienen el propósito de tener en tensión al lector, pero cada una trata los temas de manera diversa. La poesía que hallamos en la obra de Selma ayuda a comprender el mundo interno de los hombres. Es de admirar la inteligencia de Selma, que ha sabido crear una intriga tan perfecta. Su intención era poner en evidencia el amor a la justicia, la santidad del juramento, el bien del prójimo, el heroísmo y la autoeducación que existe en todos nosotros y que despierta un eco en los demás. Las acciones buenas y puras sólo crean acciones también buenas y puras. Por ello, la intriga delictuosa asume una importancia secundaria, mientras que es fundamental la descripción de los hombres; como, por ejemplo, la de una pobre joven despreciada que demuestra valor y nobleza de sentimientos. Y aquí tenemos la diferencia entre los viejos filmes suecos y los grandes filmes nuevos. Los viejos eran baratas historias populares, folletines con personajes privados de alma. Ahora, en los grandes filmes nuevos, aún podía encontrarse una intriga popular que mantuviese en tensión al espectador; pero los acontecimientos interiores desempeñaban un papel predominante. Creábanse caracteres humanos; no hombres indeterminados, sino hombres vivos y verdaderos.

El guión de Tösen från Stormyrtorpet es un auténtico modelo de claridad y simplicidad. Largas secuencias son explicadas sin interrupciones. En ciertos momentos particularmente importantes se emplean encuadres de detalle. En una oportunidad, se ve una imagen que se repetirá luego en numerosos filmes. Por ejemplo:

Escena 30. Primerísimo plano de los pies de Helga, calzados con grandes y rudas botas, hundidas en el cieno del pantano.

Cuando el plan de trabajo estuvo listo, Sjöström guardó los originales en su cartera y partió una mañana hacia la región de Dalecarlia (Dalarna, en el centro de Suecia), donde entonces vivía Selma Lagerlöf. Inquieto y nervioso como en un día de estreno, llamó a la puerta. La escritora lo recibió muy gentilmente, y tuvo palabras de elogio para el filme Terje Vigen, que había visto no hacía mucho; restableció la tranquilidad en Victor Sjöström. Se sentaron en la gran biblioteca y él extrajo el guión de La muchacha de Stormyr. Selma escuchó en silencio y sin interrupciones. Sjöström, a medida que leía, sentía disminuir su inquietud, porque le parecía respirar en el aire la satisfacción de ella. En verdad fue así. El guión gustó a la escritora. No tenía ningún inconveniente en que el libro fuera llevado al filme. Durante la cena, Selma dio consejos para algunas escenas. Y cuando, bien entrada la noche, la escritora y el director se separaron, participaban del más perfecto acuerdo. Fue la primera vez que se encontraron, pero no la última. A lo largo de todos los filmes que posteriormente realizaron juntos, entre Selma Lagerlöf y Victor Sjöström se mantuvo la misma cordialidad.

Comenzaron a filmar a principios del verano de 1917, en Dalarö, localidad situada al sur de Estocolmo. Greta Almroth (Helga) tuvo como antagonista al joven Lars Hanson (Gudmund); Hanson era en la ficción el prometido de Karin Molander (Hildur), su futura mujer en la vida real. Los tres, más adelante, tomarían el camino de Hollywood. A mitad de julio, Sjöström volvió a Estocolmo con toda su compañía. En las cajas llenas de película, aseguradas contra incendio, se hallaba el primer resultado de un estilo nuevo y personal, que tenía sus orígenes en Terje Vigen, que continuó en Berg-Ejvind («Los proscritos») y floreció luego con el ciclo de Los hijos de Ingmar. A finales de julio, el filme estaba terminado. Cuando lo vieron, tanto Greta Almroth como Victor Sjöström se desilusionaron. No era lo que ellos esperaban. Sin embargo, el filme es un hito en la carrera de su autor y lo dio a conocer en los Estados Unidos de América. En el exterior se vendieron setenta copias.

 

Argumento:

En una pequeña granja, bajo un gran bosque y junto a un pantano que da nombre al lugar, vive una muchacha, Helga Nilsdotter, junto con sus padres. Son unos granjeros pobres. Helga ha tenido un bebé, después de haber sido seducida por un rico granjero, Per Mårtensson. Como éste no está dispuesto a reconocer al pequeño, el padre de Helga toma la decisión de demandarlo, a pesar de la oposición de su hija. Nilsdotter se presenta en casa de Mårtensson, conocida como la granja del oeste, y, delante de la avergonzada y humillada esposa del rico propietario, le insta por última vez a que reconozca al pequeño. Ante la expresiva negativa de Mårtensson con un movimiento de cabeza, Nilsdotter le advierte que se verán en los tribunales. Llega el día del juicio, que se celebra en la cercana localidad de Älvåkra. Antes del juicio, una toma nos presenta el interior de la gran casa de Närlunda, la rica propiedad de Erland Erlandsson y de su esposa Ingeborg, quienes viven con su hijo Gudmund. Erland es un hombre callado y taciturno, pero recto y de firmes principios morales. Ingeborg lleva bastante tiempo inválida, anclada a un sillón. En cuanto al joven y apuesto Gudmund, posee un noble corazón, que por ahora pertenece a Hildur, su prometida, hija del más rico propietario de la comarca, Erik Persson.

Durante la sesión del juicio, que se celebra en la localidad de Älvåkra, Helga, quien, avergonzada, ha estado un rato, sola, de pie a la entrada, resistiéndose a penetrar en la sala, finalmente es conducida al interior. Allí asiste atónita a lo que Per Mårtensson está dispuesto a hacer: nada menos que jurar ante la Biblia que él no es el padre de la pequeña criatura. Instantes antes, el juez, que es un hombre honrado, ha tenido que acallar las risas de la concurrencia, humillantes para la desdichada Helga. Pero ésta, que también es una muchacha temerosa de Dios y de firmes principios morales, ante el perjurio que su seductor está dispuesto a llevar a cabo, arrebata de improviso las Sagradas Escrituras, las estrecha fuertemente contra su pecho, horrorizada, y retira todos los cargos contra Per Mårtensson. El juez percibe de inmediato la sinceridad y honradez de la joven. Le tiende la mano, se la estrecha y le da las gracias.

Al regresar a su casa, Gudmund le comenta a su madre las incidencias del juicio, especialmente el comportamiento de Helga. La madre, frente a la opinión generalizada de la parroquia, se reafirma en su idea de que hay un fondo noble en esa muchacha. Entonces, Gudmund le propone a su madre que podrían contratarla como sirvienta doméstica, a fin de ayudarla. La madre consiente en ello.

En la siguiente toma vemos a Gudmund y a Helga juntos, cerca del pantano. Gudmund se había acercado a la pequeña granja para trasladarle a Helga el saludo de Ingeborg. Pero Gudmund se encuentra a Helga llorando, como si desease arrojarse al lago. Ante su extrañeza, Helga le contesta diciendo que se considera una desgraciada y que nadie repararía en su ausencia. En ese momento Gudmund le comunica la conversación que acaba de tener con su madre, y que, si ella no tiene inconveniente, puede entrar a trabajar como doméstica en Närlunda. Helga se sorprende, y le pregunta a Gudmund si su madre sabe lo de ella, esto es, su condición de madre soltera. Gudmund le responde que sí, que su madre está enterada de todo. Helga accede y le da las gracias. Ambos se dirigen, después de que él le pida permiso para acompañarla, a casa de Helga, donde Gudmund pondera delante de sus padres el noble comportamiento que su hija ha tenido ante el tribunal. Gudmund se despide, no sin antes recordarle a Helga que la espera al día siguiente en Närlunda.

La acogida dispensada por Ingeborg y por su marido a Helga es completamente normal, sin la más mínima recriminación. Helga, al poco de llegar a Närlunda, ya está ocupada en sus tareas.

En otra toma vemos a Gudmund junto a sus padres, comunicándoles que su prometida Hildur y los padres de ésta irán de visita esa misma tarde a Närlunda.

En otra escena vemos a Helga preocupada, preguntando a Gudmund si cree que Hildur verá con buenos ojos que ella trabaje como sirvienta en la propiedad de su prometido.

Los temores de Helga no carecían de fundamento, pues al poco de presentarse en Närlunda los padres de Hildur junto con su hija, y ver allí a Helga, que es quien les sirve la merienda, no sólo se sorprenden los tres desagradablemente, sino que Hildur manifiesta su negativa a volver a acudir a Närlunda mientras esté allí una muchacha como Helga. Ante una situación tan embarazosa, que ha provocado que Helga se refugie en la cocina, Gudmund, cuando se queda a solas con sus padres, les dice que, por lo que parece, Helga tendrá que abandonar la casa. Pero en realidad Gudmund no se da por vencido; se dirige hacia donde se halla Helga y le dice que mientras él goce de poder en Närlunda, ella no tiene por qué sufrir ni temer nada. Casi sin darse cuenta, Helga se había convertido para Gudmund en una referencia moral. No obstante, Helga decide abandonar Närlunda, a fin de no crearle complicaciones a Gudmund; además, también están su amor propio y su sentimiento de culpa, que, aunque ella aún no se dé cuenta, es infundado, pues no ha hecho nada de lo que deba avergonzarse. Sólo ha sido víctima de las circunstancias, de su pobreza y de la falta de escrúpulos de un seductor.

El día que Helga abandonó Närlunda, el propio Gudmund la acompañó hasta la pequeña granja. Al llegar allí, le ofrece trabajo, en cuanto que ella deberá realizar tareas de tejer lino a cambio de una remuneración. Es evidente que Gudmund desea sinceramente ayudarla. Helga le da las gracias por todo lo que hace por ella.

La boda entre Gudmund y Hildur está próxima. Unos días antes, acude Gudmund a la ciudad, acompañado de un nutrido grupo de jóvenes de su parroquia.

A esta toma sigue otra en la que vemos a Helga mirando, como hace cada tarde, hacia el valle. Se sentía como si hubiera dejado toda su felicidad allí abajo.

De nuevo Gudmund y sus camaradas, quienes le insisten en que beba, consiguiendo finalmente que termine emborrachándose. Al regresar a su casa, Gudmund se quedó dormido hasta bien entrada la tarde. Su padre entra a despertarlo, y él, entonces, les comenta a ambos, a su padre y a su madre, que, aunque no recuerda apenas nada, tiene la impresión de haber estado en una pelea la noche anterior. En efecto, hubo una pelea entre agricultores y trabajadores borrachos, quienes, al percatarse los agentes del tumulto, se dispersaron, quedando un hombre tendido en el suelo, muerto. En su cráneo se encontró incrustada una hoja partida de un cuchillo o de una gran navaja. Ésta era la única pista que podía seguir la policía en sus investigaciones.

En la siguiente toma, de nuevo nos hallamos en Närlunda. El padre de Gudmund, casualmente, ve cómo su hijo arroja algo a las aguas del pantano. Inquieto y sobresaltado, le confiesa sus temores a su esposa, que se preocupa por su querido hijo. Erland incluso llega a preguntarse, una vez que acude al pantano y extrae la navaja rota, si su hijo es en realidad un asesino. Poco antes, al leer los periódicos, los tres se enteran de lo sucedido; de ahí que Gudmund se palpe el bolsillo del pantalón, horrorizado, comprobando que, en efecto, la hoja de su navaja está rota. Por eso toma la determinación de desprenderse de ella y arrojarla al pantano. Pero, como hemos dicho, su padre lo ve y rescata el objeto. Una vez en su poder, decide no hacer nada. Así se lo dice a su esposa. Es mejor esperar, a ver qué hace Gudmund. Si es culpable, seguro que terminará confesando.

Llega por fin el día de la boda entre Hildur y Gudmund. Éste acaba de recibir la felicitación de Helga, quien le desea lo mejor. Pero Gudmund termina confesándole a su padre lo que cree haber hecho. Ante la pregunta de Erland de por qué se ha decidido ahora a contarlo, Gudmund le responde que ha sido porque Helga acaba de acudir a Närlunda a despedirse de él y desearle suerte en su nueva vida de casado. Fue como si de pronto algo se rompiese en él. Estaba decidido a acudir al jurado y contarlo todo.

En la toma siguiente vemos a los invitados en la rica propiedad de los padres de Hildur. Ésta, inquieta, pregunta por qué Gudmund y su padre aún no han llegado. Cuando lo hacen, deciden entrevistarse con Erik Persson. Le confiesan lo que creen que ha ocurrido. En cualquier caso, Gudmund considera que, en tales circunstancias, la boda debe cancelarse. Él va a presentarse ante el bailío y contarle lo ocurrido.

Entretanto, Helga ha acudido a Närlunda, manteniendo una conversación con Ingeborg. Al salir, se encuentra con Gudmund. Éste la contempla, ya claramente enamorado. Le confiesa que hasta ese momento se ha comportado como un aficionado. Se aproxima a ella y la besa. Pero Helga lo rechaza. Ante tal actitud, Gudmund le pregunta si es que tiene miedo de él, como parece tenerle Hildur. Incluso llega a sugerir, despechado, si es que no está aún enamorada de Per Mårtensson. La joven se ofende y le contesta que sí, que ya le ha dicho antes que le gusta Per Mårtensson. Entristecido, pero altivo, Gudmund le dice que tanto él como ella deberán emprender desde ese momento caminos distintos.

De nuevo en casa de Hildur. Una sirvienta le comunica que acaba de llegar un mensajero procedente de Närlunda. Le ha dicho que espere en la quesería, pues la casa está todavía llena de invitados. Hildur acude a la quesería, y a quien se encuentra allí es a Helga. Mantienen una breve pero decisiva conversación. Lo primero que Helga quiere saber es si Hildur ama aún a Gudmund, a lo que Hildur responde, no muy convencida, que nunca lo ha querido tanto como en ese momento. Ante esa respuesta, Helga coge a Hildur de la mano con el fin de que ambas salgan juntas. Helga insiste en que Hildur debe acompañarla, con el propósito de llevarla a Närlunda, para que Hildur le prometa a Gudmund que lo esperará fielmente todo el tiempo que permanezca en la cárcel. Pero la respuesta de Hildur es inequívoca, contradiciendo su declaración anterior: ella nunca se casaría con un hombre que haya estado ingresado en prisión. Entonces Helga, no pudiendo soportarlo más, exclama con fuerza que Gudmund es inocente. Ambas mujeres continúan solas todavía en la quesería. Helga le cuenta a Hildur lo que en realidad ha sucedido. En cierta ocasión, precisamente el día en que Hildur y sus padres acudieron de visita a Närlunda, entró Gudmund en la cocina y le dejó a Helga una navaja, con el fin de que pudiese cortar un pequeño trozo de madera. Al salir Gudmund de la cocina y disponerse Helga a realizar su trabajo, la hoja se quebró, quedándose una parte incrustada en la madera, mientras que la navaja permaneció rota e inservible. Sin saber por qué, quizás por temor, no se lo contó a nadie, devolviéndole poco después la navaja rota y cerrada a Gudmund, quien permaneció por completo ajeno a lo sucedido. Una vez contada la pequeña historia, Helga conmina a Hildur que debe acudir ante Gudmund, y, antes de que éste se entere que no ha cometido ningún delito, hacer las paces con él.

El asesino fue encontrado a la mañana siguiente.

Helga continúa convenciendo a Hildur que debe acudir a Närlunda y reconciliarse con su prometido, pero evitando mencionarla a ella; menos aún decirle que ambas han mantenido esa conversación. Al presentarse Hildur en Närlunda y solicitar permiso a Ingeborg, entra en la habitación de Gudmund, excusándose por la dureza de sus palabras para con él aquella misma mañana. Gudmund, que cree haber cometido un homicidio, le contesta que él no puede mentir y que tampoco quiere que ella piense que él es mejor de lo que en realidad es. Ante eso, Hildur le dice la verdad: que una persona acaba de acudir ante ella y le ha demostrado que él es completamente inocente; más aún, me ha aconsejado, continúa diciéndole, que tratara de hacer bien las cosas desde ahora, pero que no te dijese que ella sabía que eras inocente, pues de ese modo pensarías―que era lo que ella quería―que yo me había conducido noblemente contigo. Estupefacto, Gudmund inquiere a Hildur que quién es esa persona. Hildur le contesta que esa persona es Helga, que deseaba una reconciliación entre los antiguos prometidos. Casi dejándola con la palabra en la boca, Gudmund sale corriendo de su casa, a fin de alcanzar a Helga, que avanza por el sendero en dirección a la pequeña granja. Cuando llega hasta ella, Gudmund, delatándose por la mirada de sus ojos, le dice a Helga que, por lo visto, piensa que él es mejor persona de lo que es en realidad. Pero tampoco los ojos de Helga lo engañaban. Helga pertenecía al corazón de su amado. Ahora ya no podía huir más de él. Ambos se besan apasionadamente.

 

Proyecto de reconstrucción y traducción de los rótulos:

Acto I

*La pequeña granja estaba en la zona inferior de la cresta del bosque que rodeaba la parroquia.

*El valle se extendía como un mundo aparte, sin tener nada en común con el bosque y lo que a éste pertenecía.

*El pantano había dado el nombre de la pequeña granja (Stormyrtorpet).

*Helga Nilsdotter, la muchacha de la pequeña granja (Greta Almroth).

*Los padres de Helga  (William Larsson y Thekla Borgh).

―Tú vienes conmigo a ver a Per Mårtensson. Si él no acepta de buen grado el niño, tendré que llevarlo a los tribunales―le dice a Helga su padre.

― ¡No, no, padre! Me haré cargo de mi propio hijo.

La granja del oeste.

―Per Mårtensson, propietario de la granja del oeste (Gösta Cederlund).

―Su esposa (Edla Rothgardt).

El padre de Helga, con su hija, en la casa de Per Mårtensson, quien niega tener nada que ver con el bebé que acaba de dar a luz la joven.

 

― ¿Va usted a admitir voluntariamente que es el padre de su hijo?―le dice el padre de Helga a Per Mårtensson. Éste contesta «no» con la cabeza.

―Entonces usted será llevado ante el tribunal―replica el padre de Helga.

El día del juicio.

*Gudmund Erlandsson (Lars Hanson).

*Sus padres.

Ingeborg, la madre de Gudmund, había estado enferma durante varios años. Finalmente, no pudo volver a caminar y estaba en una silla de ruedas.

*Ingeborg Erlandsson (Concordia Selander).

Erland Erlandsson era un hombre muy introvertido y taciturno, pasándose a veces sin pronunciar una palabra en todo el día.

*Erland Erlandsson (Hjalmar Selander).

Hay que proporcionarle los documentos al jurado y comunicarle que el juez los posee.

―Ah, entonces eres tú, tú, que…

―Pensé que sabía quién era yo. O no debería haber recibido…

*Hildur (Karin Molander).

―Si quieres, puedes viajar conmigo hasta la sede del juicio.

―Voy al tribunal.

―No, él ya se ha ido; su padre es siempre muy puntual.

―Me atrevo a decir que habría tenido el placer de andar detrás de un hermoso caballo.

―Es una espléndida compra el caballo que posee Gudmund.

El Palacio de Justicia.

Allí, el más rico era Erik Persson, el padre de Hildur. Era el hombre más poderoso de la parroquia.

Acto II 

El juez (Nils Arehn).

Helga Nilsdotter contra Per Mårtensson, de la granja del oeste.

Helga está de pie fuera, probablemente demasiado avergonzada como para entrar.

Helga sabe de la gravedad de carácter de la gente de la parroquia que ha acudido, especialmente sobre todas aquellas cuestiones que afectan a la relación matrimonial.

Para los presentes no había ningún pecado peor que el que Helga había cometido.

―Per Mårtensson, ¿mantiene su negación de la paternidad del niño?

― ¿Está usted preparado para declarar bajo juramento?

―Coloque dos dedos sobre las Sagradas Escrituras.

Helga sabe que no hay nada tan terrible como el perjurio.

No hay misericordia o condonación por ello.

Las puertas de los infiernos se abren cuando se menciona el nombre del perjuro.

―Yo, Per Mårtensson juro y testifico…

― ¡Él no debe llevar a cabo ese juramento!―exclama Helga―. ¡Él no debe renunciar a sí mismo! ¡Él es el padre del niño, pero yo no quiero que renuncie a sí mismo! Es mi deseo retirar la de manda.

El juez estrechándole la mano a Helga en la sala del juicio.

 

El juez ya no estaba tan triste en su pueblo, puesto que había encontrado mucho amor y piedad en uno de sus habitantes más humildes (en referencia a la actitud de Helga).

El caso le afectó profundamente.

―Gracias.

― ¿No cree que todo esto sea suficientemente difícil para mí? ¿Tiene usted también que burlarse de mí? ―díjole Helga a Gudmund, malinterpretando su comportamiento.

Cuando Gudmund llegó a su casa, comentóle a su madre lo que había ocurrido en la sesión y el comportamiento de Helga.

―Parece que hay algo bueno todavía en esa chica de la pequeña granja―dijo la madre de Gudmund.

―Ella podría quedar muy agradecida a todo aquel que ahora la ayudase―dijo Gudmund.

A Gudmund se le ocurrió que debía ir al pantano, junto a la granja pequeña, y trasladar a Helga el saludo de su madre esa misma noche.

― ¿Es que tiene que estar usted sentada aquí, llorando? ―díjole Gudmund a Helga al verla―.Te veo como si quisieras arrojarte al lago.

―Bueno, ¿qué importa si lo hiciera? Lo mejor para una miserable criatura como yo es poner fin a su vida―contestó Helga.

―Usted debe calmarse y escucharme si quiere que la ayude―replicó Gudmund―. He hablado con mi madre de su situación y me ha enviado para que hable con usted. Mi madre quiere saber si le importaría a usted entrar a trabajar como doméstica en nuestra casa.

― ¿Sabe ella que…? ―dijo Helga.

―Mi madre sabe de usted tanto como los demás―le dijo Gudmund.

―Usted se merece que le dé las gracias por venir hacia mí. Me ha salvado la vida―dijo Helga.

―Venga, deje que la acompañe a su casa, para ver a sus padres―contestó Gudmund.

―Puede estar usted orgulloso de su hija. ¡Qué bien lo hizo en el Palacio de Justicia! El propio juez la tomó de la mano y le dio las gracias delante de todos los presentes―le dijo Gudmund al padre de Helga. ―Bien, tal y como hemos quedado, se llega mañana a Närlunda y habla con mi madre.

Helga fue a Närlunda, la propiedad de los Erlandsson, y todo transcurrió perfectamente.

― Hildur y sus padres nos visitarán esta tarde―dijo Gudmund a sus padres refiriéndose a su prometida.

―Pero, ¿cree usted que Hildur consentirá en que alguien como yo trabaje en la casa de su prometido? ―preguntó Helga a Gudmund.

Acto III 

A continuación, el miembro del jurado Erik Persson llegó a Närlunda con su esposa e hija.

Gudmund presenta a su prometida, Hildur, a su madre inválida.

 

Esta fue la primera vez que Hildur, la prometida de Gudmund, vio a Helga de cerca.

― ¡Pero, si esa es la joven de la pequeña granja! No es posible que esa chica esté trabajando en su casa.

― Si esa chica se queda aquí en Närlunda, entonces nunca más voy a venir―dijo Hildur.

― Supongo que Helga tendrá que irse. Parece que no puedo sacrificar a Hildur por ella―fueron las palabras de Gudmund.

―Gudmund, puede ir a ver a la madre de Helga; seguro que desea hablar con usted.

―No es precisamente con mi consentimiento que permita que usted, Helga, se vaya de esta casa. Mientras disponga de algún poder aquí, usted no tiene por qué sufrir.

―Sin duda, es usted uno de los que ante todo piensan en sí mismos. 

Helga se había convertido para Gudmund en una norma por la cual se mide la gente.

El día en que Helga tuvo que abandonar Närlunda, el propio Gudmund la condujo hasta la pequeña granja.

―Cuando haya terminado de tejer la tela de lino me la traeréis, y le volveré a ofrecer más trabajo.

― Gracias por todo―contestó Helga.

Unos días antes de la boda, Gudmund fue a la ciudad, acompañado de un nutrido grupo de jóvenes de su parroquia.

Cada tarde, Helga se quedaba mirando hacia el valle. Se sentía como si hubiera dejado toda su felicidad allí abajo.

Todos sus camaradas insistieron en que Gudmund debía beber, y lo lograron, hasta el punto de conseguir que se emborrachase.

Acto IV 

Gudmund regresó a su casa tan tarde que durmió hasta bien entrada la tarde.

―Parece como si hubiera estado anoche en una pelea―comentóle Gudmund a sus padres. Trató de recordar lo que había sucedido durante la noche, pero era como tratar de mirar en una gran oscuridad.

... Entre algunos granjeros y trabajadores borrachos. Los combatientes huyeron tan pronto como la policía se presentó, pero uno de ellos yacía muerto en el suelo. Un cuchillo con la hoja rota, una especie de navaja grande, encontróse incrustado en el cráneo del hombre muerto, siendo ésta la principal pista que podía rastrear la policía.

― ¿Qué está pasando aquí? ¿Adónde vas? ―preguntóle la madre de Gudmund a su esposo.

― ¡Ven! ¡Rápido! ¡Acércame a la ventana!―le dijo Ingeborg a la sirvienta.― ¡Por el amor de Dios, dime lo que es!

― ¿Es por ventura nuestro Gudmund un asesino? ¡Eso no es posible! ―inquirió Ingeborg a su esposo, cuando éste volvió del pantano.

No importa mucho lo que Gudmund pudiese reflexionar, pues no podía recordar nada de la lucha pasada.

No obstante, la hoja de la navaja rota seguramente era una prueba suficiente…

― Vamos a no decir nada. Él debe hacer una confesión por su cuenta―dijo el padre de Gudmund.

El día de la boda.

―Mira, los jóvenes vienen de practicar remo.

Gudmund tiene que decir un adiós más antes de salir de la granja.

―Quería desearle, Gudmund, todo lo mejor para su día de la boda―dice Helga.

―No merezco que sean todos tan buenos conmigo―contesta Gudmund.

―Padre, he matado a un hombre.

― ¿Quién te ha dado la idea de confesar ahora? ―le contesta Erland a su hijo.

―Fue porque Helga vino y me deseó suerte. Entonces había aún algo duro en mí que se rompió. Estará usted de acuerdo conmigo en que debemos permitir que el jurado lo sepa todo.

Acto V 

― ¿Tiene usted alguna idea de por qué Gudmund y su padre aún no han llegado?

―Nos gustaría tener una entrevista personal con usted y con Hildur antes de continuar―díjole Erland al padre de Hildur.―Supongo que habrá oído hablar acerca de una pelea que tuvo lugar la otra noche en la ciudad, donde un hombre fue asesinado…

―Aquella noche estuve en la ciudad―afirmó Gudmund.

―Gudmund había bebido demasiado esa noche―dijo Erland.

―Cuando leí en los periódicos que una hoja de cuchillo se había incrustado en el cráneo del hombre muerto, saqué mi cuchillo y vi que una hoja estaba rota. Dígale adiós a Hildur de mi parte,

― ¿Fue quizás esa la mano que sostenía el cuchillo?―preguntó el padre de Hildur.

―Ahora estoy seguro de mi situación. Sería mejor que la boda se cancelase. Voy a presentarme ante el bailío. Padre, ve por favor a casa y despídeme de mi madre.

― ¡He sido ante usted un aficionado!―le dice Gudmund a Helga, cuando ésta sale de hablar con la madre de él―. Yo no lo sabía hasta ahora (se aproxima hacia ella y la besa). Mis ojos se han abierto. Me he comportado ante usted como un chiquillo. Ahora que me he liberado puedo decírtelo (ella lo rechaza). Talvez me ocurre con usted como con Hildur. ¿Es que tiene miedo de mí? ¿O es que tal vez ama todavía a Per Mårtensson?

―Sí, ya te he dicho que me gusta―le replica Helga.

―Adiós, pues. Ahora tenemos que ir por caminos separados, tú y yo―contesta Gudmund.

―Un mensajero ha llegado para ti de Närlunda―le dice una sirvienta a Hildur.―Le dije que se fuera a la lechería, ya que la casa todavía está llena de invitados.

Ambas mujeres, Helga, que es en realidad el mensajero, y Hildur, se entrevistan en la lechería de la granja de Hildur.

―Antes de decir nada más, debo saber si Hildur ama aún a Gudmund―le dice Helga a Hildur.

―Tal vez yo nunca lo había amado tanto como hoy―contesta Hildur.

Helga coge a Hildur de la mano para hacerla salir.

―Hildur, debe acompañarme y decirle a Gudmund que lo esperará fielmente mientras él permanezca en la cárcel. Desde ese momento, todo estará bien entre ustedes dos.

―Nunca me casaría con alguien que haya estado en la cárcel―fue la respuesta de Hildur.

― ¡Gudmund es inocente! Nadie lo sabe mejor que yo―dijo Helga. Y entonces le contó a Hildur la verdad de lo ocurrido, que aparece en un flashback.

Esta fue la confesión de Helga a Hildur:

―El día que usted, Hildur, estuvo de visita con sus padres en Närlunda, Gudmund me prestó una navaja en la cocina con la que me puse a cortar un trozo de madera, pero la hoja se rompió. Tuve miedo de que Gudmund se enojase conmigo por lo que acababa de sucederme; así que nunca le dije que se me había roto el cuchillo. Le devolví la navaja cerrada, pero rota. Y muy probablemente él nunca se diese cuenta.―Helga continuó diciendo:

―Antes de que Gudmund se entere que no ha hecho nada malo, usted, Hildur, debe acudir a él, por su propia voluntad, y hacer las paces. ¿O quizás deba decir que sé que él es inocente?

El asesino fue encontrado a la mañana siguiente. El documento oficial está firmado por el Sr. Lemdström, comisionado del Distrito.

―Ahora no voy a ir más a casa de Gudmund. Usted, Hildur, debe ir sola a la granja, a Närlunda. Pero debe evitar mencionar que he hablado con usted―le dice Helga a Hildur.

Hildur se presenta en Närlunda.

―Deseo tener unas palabras con Gudmund―le dice Hildur a la madre de Gudmund. 

Entra en la habitación de Gudmund.

―Ha sido demasiado duro lo que te dije esta mañana. 

― ¡No! ¡No puedo mentir! Yo no quiero que pienses que soy mejor de lo que soy en realidad―le replica Gudmund.

―Una persona ha venido hasta mí y me ha dicho que eres inocente. Además, me aconsejó que tratara de hacer bien las cosas desde ahora. También me dijo que no te dijese que ella sabía que eras inocente, porque de ese modo tú pensarías que yo me había conducido noblemente.

― ¿Quién te dio ese consejo?―preguntó Gudmund a Hildur.

―Fue Helga, que deseaba que yo te ganase de nuevo.

Gudmund salió corriendo de su casa, a fin de alcanzar a Helga, que se iba por el sendero.

―Por lo que veo, usted piensa que soy mejor de lo que en realidad soy―fueron las palabras que Gudmund dirigió a su amada.

Podía ver en sus ojos que él ahora sabía con certeza dónde la tenía. Ella estaba en su corazón. Ahora ya no podía huir de él (Helga y Gudmund se besan apasionadamente).

 

Elaboración de ©ENRIQUE  CASTAÑOS. Málaga, 21 de marzo de 2015.

 

 

 

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