Alexis Marcoff. El alma del pueblo ruso y su evolución histórica. Barcelona, Tipografía “La Educación”, 1945.

 

*La escuela historiográfica dirigida por el alemán Schletzer (August Ludwig von Schlözer, 1735-1809)[1], defiende que los eslavos, hasta mediados del siglo IX, es decir, hasta su fusión con los Varegos, vivían en la barbarie, nómadas y sin organización social. Esta escuela también intentó demostrar que «russi» deriva del nórdico «ruoti». Historiadores como los rusos Sergey Fyodorovich  Platonov (1860-1933) y Nikolay Ivanovich  Kostomarov (1817-1885) aceptaron en parte estas tesis.

*Frente a esa escuela se alza otra, representada por Bieláeff, Konstantin Aksakov (1817-1860), Fyodor Ivanovich  Leontovich (1833-1911), Serguéi Mijáilovich  Soloviev (1820-1879) y Konstantin Dmitrievich  Kavelin (1818-1885), que se inició con los trabajos del alemán Johann Philipp Gustav von  Evers (1779-1830) en la Universidad de Derpt (Dorpat, hoy Tartu, en Estonia). Estos historiadores han podido demostrar que los eslavos de los primeros siglos de la era cristiana no estaban tan atrasados, sino que poseían una cultura estimable antes del contacto con los Varegos. Incluso este término, que suele asociarse a los vikingos escandinavos, parece ser que designaba a una clase social de mercaderes entre los propios eslavos. También estiman que el término «eslavo» deriva de la voz «slava» (gloria). Historiadores como Egor (o Yegor) Ivanovich Klassen (1795-1862) y el arqueólogo polaco Tadeusz Wolański (o Volansky) (1785-1865) se sumaron a estas opiniones, reforzándolas arqueológicamente.

*Conclusiones: 1. Los eslavos forman parte de la rama ario-caucásica (por lo tanto venido de la altiplanicie del Irán y nacido en la cuna de la raza indo-europea) y en la época prehistórica ya poblaban  el enorme espacio comprendido entre los Cárpatos y el Volga y entre el Mar Negro y el norte de la Rusia actual. 2. Se trataba de un único pueblo, dividido en tribus. 3. Estas tribus, conocidas con el nombre genérico de «escitas», hablaban el idioma eslavo-ruso [2]. 4. Los príncipes escitas solían ser generosos y también practicaban la hospitalidad. 5. Hacia el siglo IV, los eslavos vivían en ciudades (por ejemplo, Novgorod). 6. Eratóstenes afirma que los eslavos conocían la escritura antes de la era cristiana. 7. Una parte de los antiguos habitantes de Troya pertenecían a los eslavos. Los historiadores Yegor Ivanovich Klassen y Tadeusz Volansky demostraron que los etruscos y los troyanos pertenecían a la rama eslavo-rusa.

*Rusia del norte: grandes bosques. Rusia del sur: grandes estepas. La geografía condiciona la evolución histórica.

*En la historia rusa, las ciudades se desarrollan al margen de la vida rural, que presenta un escaso desarrollo cultural.

*Establecimientos: a) escitas → estepas de la Rusia meridional; b) dulebos y budjanos (ambas, tribus eslavas) → remontan el Dniéper y fundan Kiev; c) drievlanos → bosques del norte, junto al lago Ilmen, fundando ciudades como Pskov y Novgorod.

*Fiestas de los antiguos eslavos. La «koliada» (entrada de la primavera, Año Nuevo pagano). Culto a Daj-Bog (literalmente: dios que lo da todo), el dios del Sol. Tausen: uno de los atributos de Daj-Bog. En sánscrito «tausen» significa luz, día, claridad. Culto a la madre-húmeda-tierra, mucho más importante que el culto al Sol. Es la tierra que representa el suelo, el humus, la materia que se huella y se labra.

Otros dos dioses secundarios eran Perún (equivalente al Mara de los hindúes; «El Malo» de las escrituras budistas, equivalente al demonio en Occidente[3]) y Svaróg (identificable con el Varuna hindú, del sánscrito Swar = Cielo, una divinidad asociada a la ética y a la defensa de la justicia[4]).

*Concepción de ultratumba: junto al cuerpo queda enterrada también el alma, que encuentra reposo en la tierra húmeda. De lo contrario, vagaría sembrando el terror.

*Las principales fiestas paganas son las del ciclo estival, que podían ser nupciales, acuáticas o dedicadas a las «rusalki» (seres sobrenaturales).

*«rusalka»: muchacha rusa difunta, sobre todo si ha perecido en las aguas.

*Hacia el siglo VI, la vida entre las tribus eslavas se enrarece y se vuelve cruel y sangrienta.

*En 862 las tribus eslavas entregan el poder a un triunvirato de tres hermanos Varegos: Sineus, Truvor y Riurik, del que sólo quedará este último, quien establecerá su residencia en Novgorod.

*Riurik → Igor ↔ Olga (se bautiza en 957) → Oleg (pariente de Olga que gobierna por la minoría de Igor)

                           ↓

            Sviatoslav (957-972)

                           ↓

            Vladimir de Kiev (978-1015) (bautismo en 989)

   ↓

            Yarosláv el Sabio (1019-1054). Primer legislador (Rúskaya Pravda = La verdad rusa). Se construye el Monasterio de Pechersk Lavra (de las Cuevas) en Kiev, fundado en 1051.

                           ↓

            Vladimiro Monomaco (1113-1125): Instrucciones para mis hijos (de inspiración cristiana: modestia, amor al prójimo, caridad; la Gracia Divina se obtiene con obras pías; censura al movimiento anacorético, que prolifera en las escarpadas orillas del Dniéper, en la región de Kiev).

*1147: fundación de Moscú, en una zona boscosa, alejada del epicentro tártaro.

*Sometimiento tártaro (mongol) de Rusia: de 1240 a 1480. En 1227 muere Gengis Kan y se reparte su Imperio. Entre 1236 y 1255, el Kan Batu (Batii) irrumpe en el sur de Rusia y en la Europa oriental. Aniquiló el reino búlgaro del Volga. Conquistó Murom (al E de Moscú), Riazán (a 196 km al SE de Moscú), Vladimir (entre Moscú y Murom, un poco al N), Tver (al NO de Moscú) y Moscú. No pudo conquistar Novgorod. Después de conquistar Tchernigov (al N de Kiev) y Kiev (1240), cruzó los Cárpatos, arrasó Hungría, Silesia (al N de Bohemia, hoy dentro de las fronteras de Polonia), Moravia (región SE de la República Checa), llegó a las puertas de Viena y volvió a Rusia, estableciendo su capital en Sarai, sede de la Horda de Oro[5] fundada por él en 1251.

*Helen Iswolsky, en su libro El alma de Rusia, redactado en plena Segunda Guerra Mundial entre París y Nueva York (Buenos Aires, Emecé, 1954), habla de la resistencia que opuso a los tártaros el príncipe Alejandro Nevski (1220-1263), elevado al trono de la ciudad de Vladimir en 1252. Como príncipe de Novgorod, el 5 de abril de 1242 Alejandro Nevski gana la batalla del lago Peipus (lago Tchud) a la Orden de los Caballeros Teutónicos, que se desarrolló en la superficie helada del lago. El nombre le vino de haber ganado a los suecos el 15 de julio de 1240 en el río Neva. Narra Iswolsky cómo impresionó Alejandro Nevski a Batu. Murió después de abandonar Saray. Había conseguido que los impuestos a los rusos fueran a recogerlos los tártaros a territorio ruso.

*El dominio tártaro acentuará el nacionalismo ortodoxo ruso. Fe religiosa y nación política se unirán estrechamente. Moscú desplazará definitivamente a Kiev como centro político-religioso del mundo eslavo-ruso.

*Con Iván Kalita (término que en griego significa «bolsa») (1325-1341) se inicia el poderío de Moscú. El metropolita de Kiev se traslada a Moscú en este periodo.

*Otro príncipe destacado de Moscú es Dimitri Donskoi (1359-1389), que obtendrá la primera gran victoria sobre los tártaros en la batalla de Kulikovo (al S de Moscú y al SO de Riazán), cerca del río Don (1380). Helen Iswolsky subraya que bajo este príncipe Oleg de Riazán admite en 1375 la supremacía de Moscú.

*En 1439, bajo el reinado de Basilio II (1425-1462), un Sínodo de obispos reunido en Moscú proclama la autocefalia de la Iglesia ortodoxa rusa, esto es, su independencia respecto de Constantinopla, cuyo Patriarca hasta entonces había nombrado a los metropolitanos de Moscú. La autocefalia tiene su origen en la Unión Florentina, esto es, el intento de Constantinopla de acercar posiciones con Roma. El profesor Marcelo López Cambronero (en su estudio introductorio a la antología de textos La idea rusa, Granada, Nuevo Inicio, 2009, pág. 37) indica cómo el Metropolitano Isidoro de Moscú, partidario de la Unión, es encarcelado a su regreso de Italia, nombrando a otro, Jonás, no reconocido por el Patriarca Ecuménico de Constantinopla. Desde 1461 el Metropolitano de la Iglesia rusa se denomina «Metropolitano de Moscú y de toda Rusia». La caída de Constantinopla en 1453, continúa Marcoff, fue interpretada en Moscú como un signo del castigo divino por esa pretensión de acercamiento a la «herejía latina». Desde entonces Rusia y la ortodoxia religiosa se vuelven indisolubles, es decir, Rusia como única detentora de la Verdad Divina. Es por entonces también que el Gran Duque de Moscú se hacía llamar Gosudár (= soberano, monarca).

*De enorme importancia es el reinado de Iván III el Grande (1462-1505). La estrecha vinculación entre la fe ortodoxa y Rusia, por un lado engrandece el nacionalismo ruso, la idea patriótica, pero por otro supone un reduccionismo del universalismo cristiano. Iván III engrandece, a partir sobre todo de 1475, extraordinariamente la fortaleza moscovita por excelencia, el Kremlin, donde trabajarán una serie de arquitectos italianos (Aristóteles Fioravanti, Pietro Antonio Solari, Marco Ruffo, Antonio Gilardi, Aloisio da Carcano, Aloisio il Nuovo). Decisión importante es su segundo casamiento[6] con Zinaida-Sofía, sobrina de Constantino Paleólogo (hija de su hermano Tomás), último basileus de Bizancio. El Papa Sixto IV la protegía en Roma y una embajada presidida por el cardenal de origen griego Visarión (Basilius Bessarion) se desplazó expresamente a Moscú para preparar el enlace. Este cardenal († 18 nov. 1472), que había sido Patriarca latino de Constantinopla, era uno de los más activos partidarios del acercamiento entre ambas Iglesias separadas. De ahí los recelos que al principio suscitó en el pueblo ruso Sofía Paleóloga, que se casó con Iván III el 12 de nov. de 1472. La desposada no se inmiscuyó en cuestiones religiosas ni trató de acercar al zar[7] a la fe católica, con lo que el pueblo fue abandonando esa inicial desconfianza contra ella.

El 15 de enero de 1478, Novgorod reconoce la supremacía de Moscú.

Iván III es el verdadero fundador de la idea de autocracia. Los tres pilares del Estado ruso, desde entonces, serán la «tierra rusa» (la «nación rusa», con su connotación patriótica), la religión ortodoxa (la Iglesia Ortodoxa rusa) y la autocracia zarista. Tanto el régimen republicano como la religión católica romana son consideradas terribles herejías. El apoyo social más importante lo tiene Iván III en los boyardos (= boyarin, comerciantes, terratenientes), que formaban un Consejo.

*Importantes desavenencias religiosas internas, por cuestiones meramente litúrgicas, ya se produjeron en tiempos de Basilio I (hijo de Dimitri Donskoi y Gran Duque de Moscú desde 1389 hasta 1425), en el verano de 1419, cuando el Metropolitano de Moscú, Focio (Fotius), observó irregularidades del tipo de repetir dos veces, y no tres, el Aleluya, para él una irreverencia hacia la Triple Hipóstasis. La cuestión se mantuvo latente durante la época de Basilio II (1425-1462), pero se recrudeció en el reinado de Iván III, acentuándose con la discusión sobre el sentido que debían seguir las procesiones, o solar (este-oeste), o contrario (oeste-este). Iván III terció en la disputa decidiendo que se aplicase el sentido solar, lo que provocó la negativa del Metropolitano de Moscú (1482), Heraclio, al que el zar le prohibió oficiar y terminó retirándose a un monasterio cercano a Moscú (Símonov). En época de Iván III el clero aún carecía ampliamente de instrucción.

Otro motivo de discordia, éste más importante, fue la negativa de muchos feligreses a reconocer a aquellos eclesiásticos que hubiesen pagado una determinada suma para acceder al cargo, así como la negativa a satisfacer el cobro de la administración de los Sacramentos. A estos feligreses la Iglesia oficial los consideró herejes, strigolniki, pues, además, se negaban a la confesión y al acto de contrición. Fueron numerosos en Tver, Pskov y Novgorod.

A estos problemas se unió, en 1470, la aparición en Novgorod, una ciudad que mantenía ciertas actitudes «republicanas» de libre discusión en las plazas públicas, de Skharia o Skhariya (Sjariya) el Judío, un sabio hebreo que daba más importancia al Antiguo que al Nuevo Testamento, porque el primero había sido inspirado por Dios Padre y el segundo por el Hijo. Estas doctrinas, que se propagaron con fuerza, dieron lugar a la secta de los «judaizantes», que fue perseguida por Genadio (Gennadius o Gennady), arzobispo de Novgorod, que, sin embargo, no contaba con el apoyo del zar Iván III. El zar incluso otorgó puestos relevantes a algunos destacados miembros de la secta (los párrocos Denis y Alexis, así como el obispo Gabriel).

*La disidencias religiosas en época de Iván III tuvieron otro capítulo en la rivalidad entre el «clero blanco» (secular) y el «clero negro» (monjes). El pueblo empezó a inclinarse por estos últimos, algunos de los cuales propugnaban una separación de la Iglesia y del Estado. En este contexto hace su aparición la figura de Nilo Máykof, esto es, Nilo de Sorsk o Nilo de Sora (1433-1508), que había visitado el monte Athos y construyó una capilla a orillas del río Sora[8], que terminó convirtiéndose en el monasterio de Kirillov. Consideraba superflua toda exteriorización de religiosidad. Aconsejaba la moderación y no los ayunos excesivos. Predicaba el ensimismamiento religioso. Helen Iswolsky lo estudia en su libro como uno de los principales exponentes de lo que ella llama los «buscadores del silencio». Contó con un enemigo poderoso, José de Volokolamsk (1439/1440-1515), pero por fortuna gozaba de la protección del zar. José de Volokolamsk, nacido Iván Sanin (Sanine), es llamado también Joseph Volotsky, y defendió el cesaropapismo en Moscú en época de Iván III el Grande. Era higúmeno (abad) del monasterio de Volokolamsk[9]. El primer cruel espectáculo de persecución contra los partidarios de Nilo, tuvo lugar en Moscú el 28 de diciembre de 1504, viéndose impotente el zar para impedirlo. Fueron entonces quemados vivos tres seguidores de las doctrinas de Nilo de Sora (Kuritza, Kópolev y Maximoff). A otros ocho más, entre los que se encontraban el arcipreste Kassián, su hermano Niekras y Rukovoy, se les cortó la lengua y fueron quemados en Novgorod. Estas ejecuciones bárbaras desconcertaron al pueblo, puesto que se trataba de creyentes de la fe ortodoxa. Los miembros de la jerarquía de la Iglesia ortodoxa también van a ser considerados enemigos por el pueblo, junto a los latinos y a los tártaros. A pesar de los avances y del ensanchamiento en la fe de los rusos producido por Nilo de Sora, el pueblo ruso continuó siendo muy inculto en cuestiones religiosas.

*El nuevo zar, Basilio III (Gran Príncipe de Moscú entre 1505 y 1533), con el fin de arreglar las cuestiones religiosas, llamó a un monje erudito, Máximo el Griego, natural del pueblo albanés de Arta. Educado en Italia, donde había sido amigo del tipógrafo humanista Aldo Manuzio, conservaba un vívido recuerdo de Girolamo Savonarola. Durante un tiempo estuvo recluido en el monte Athos. Cuando llegó a Moscú, en 1518, pudo comprobar la ignorancia del clero, las confusiones y contradicciones de los textos litúrgicos, así como la amplitud de la superstición religiosa. La obra de reforma y depuración que tenía por delante era ímproba. También le maravilló el contraste profundo entre la belleza y el esplendor del Kremlin, de las iglesias y de los palacios de los boyardos, con la vida miserable del pueblo, que vivía en casuchas indignas. Moscú era por entonces una ciudad llena de vida, pero también de miseria. El vocerío de sus mercados, la profusión de espectáculos circenses callejeros, la mendicidad; todo ello, impresionó a Máximo el Griego[10], aunque especialmente la proletarización de los eclesiásticos, que sobrevivían como mejor podían. También ya por entonces el vodka causaba auténticos estragos en todas las clases sociales, particularmente entre los popes.

El principal problema con el que se enfrentó fue el de intentar conciliar las reformas con la superstición del pueblo, muy apegado a las tradiciones, y la resistencia de la jerarquía eclesiástica, que veía en él a un heresiarca, tanto daba si bizantino o latino, cuya intromisión era inadmisible. A pesar de la buena disposición del zar y de algunos nobles boyardos, finalmente hubo de comparecer ante un Tribunal Eclesiástico, que lo condenó por hereje. Estuvo durante veintidós años recluido forzosamente en el monasterio de Tver, y, después de otras penosas cautividades, murió en 1556 en el monasterio de la Santísima Trinidad (Troitzkaya Lavra)[11]. Basilio III, no obstante, inició una aproximación a Roma durante los pontificados de León X y de Clemente VII, pero las negociaciones fracasaron, en gran parte debido a las predicaciones del monje Filoteo (Filofej), que en 1524, desde el monasterio de San Eleazar (San Lázaro) de la ciudad de Pskov, envía una carta al zar, hablándole de Moscú como de la Tercera Roma, una vez caída la segunda, que ha sido Constantinopla, y sin posibilidad alguna de que pueda haber una cuarta[12].

Excurso: Sin embargo, el texto en el que Filoteo elabora más concienzudamente su concepción es en la carta dirigida por esas mismas fechas al nuevo gobernador de Pskov, la «Epístola a M. G. Misur Munejin [Misiur Munekhin] contra las profecías astrológicas de Nicolaus Bülew[13] y con la exposición de la teoría de la Tercera Roma». Esta carta está reproducida íntegramente, traducida por Olga Novikova Monterde, que es a su vez la responsable de la magnífica selección, en el volumen La Tercera Roma. Antología del pensamiento ruso de los siglos XI a XVIII, Madrid, Tecnos, 2000, págs. 109-117. Escribe Filoteo (pág. 115): «Diremos unas pocas palabras sobre el actual imperio ortodoxo de nuestro luminosísimo soberano [Basilio III], que ocupa el altísimo trono, el cual, en todo el orbe, es el único emperador de los cristianos y director de las riendas de los santos tronos de Dios, de la santa Iglesia universal apostólica que, en lugar de la romana y de la constantinopolitana, está en la ciudad de Moscú salvada por Dios […] Sabe, amante de Cristo y de Dios, que todos los imperios cristianos se han unido al final en el único imperio de nuestro soberano, según los libros de los profetas, es decir, el Imperio romano. Porque dos Romas han caído, pero la tercera está firme y no habrá una cuarta». Misiur Munekhin falleció en 1528.

*Las cosas habían llegado a tal punto que, como dice Marcoff, se necesitaba una mano enérgica. Esta será la actuación, al principio impensable, del nuevo zar, Iván IV el Terrible (1547-1584).

*Pero antes es necesario detenerse en algunos aspectos socio-económicos y político-religiosos de Rusia durante los reinados de Iván III y de Basilio III, a fin de saber en qué estado se encontraba el país cuando Iván IV accedió al poder. Marcoff discrepa de la opinión del historiador Kazimierz Waliszewski (1849-1935) de que en aquella época no había clases sociales en Rusia. En realidad, la discrepancia tiene más que ver con el concepto de clase social, esto es, si el concepto contemporáneo puede aplicarse en aquel tiempo histórico de la segunda mitad del siglo XV y primer tercio del XVI en Rusia. Lo que sí es evidente es el desequilibrio económico y cultural entre las «clases sociales» de la Rusia de entonces. En términos generales, el país se dividía entre los sirvientes (slujilie) y los no sirvientes (neslujilie). Los sirvientes eran los que servían al Estado (funcionarios, militares, boyardos, alto clero), mientras que los no sirvientes eran los que no colaboraban con el Gobierno (campesinos, artesanos, mercaderes, comerciantes). Los sirvientes se habían ido formado por un proceso evolutivo histórico en el que es fundamental el papel de los guerreros en la protección del pueblo durante la época de las incursiones tártaras. Esto les otorgó una serie de privilegios que fueron aumentando con el tiempo. Esta clase guerrera gozó de mayor poder en el sur de Rusia, en la zona esteparia, más accesible a los invasores, mientras que el centro y el norte, más boscosas y alejadas de los extranjeros, permitieron desarrollar las libertades ciudadanas y la independencia en mayor grado. Es decir, aquí los poderes de los príncipes eran más limitados.

El caso de Moscú es muy particular. A pesar de su relativo alejamiento de las bases mongolas, desarrolló unas instituciones muy dependientes de Bizancio, con la que le unían estrechos lazos religiosos. En Moscú era impensable la existencia de un veche «republicano» (es decir, un Consejo o Asamblea de Ciudadanos) o un mir patriarcal (esto es, una comunidad campesina cuyas tierras se poseían y se labraban en común).

Pero la progresiva autocracia en tiempos de Iván III fue liquidando la independencia democrática de las ciudades, por muy al norte que estuviesen. Una vez librados del yugo tártaro, y, por tanto, del permanente estado de guerra y los gravosos tributos, no había razones que justificasen la autocracia. Pero ésta, sin embargo, se acentuó. Quizás en ello tuviese que ver la influencia del despotismo asiático dejado por el sometimiento a los mongoles durante dos siglos.

A pesar de las diferencias económicas, las vidas de los no sirvientes coincidían en muchos aspectos, tanto en las costumbres como en las prácticas religiosas. Éstas continuaban siendo una mezcla de cristianismo y de paganismo. La superstición religiosa no lograba erradicarse. La vida de la mujer de clase acomodada en las ciudades se regía por las instrucciones contenidas en el Domostroy, de autor anónimo y editadas por el arcipreste Silvestre, confesor y consejero privado de Iván IV. Los muchachos podían casarse a los catorce años y las muchachas a los doce[14]. Las bodas eran prolijas en festejos, preparativos, exorcismos y supersticiones. En síntesis, mientras que los sirvientes estaban bajo la influencia bizantina, más ilustrada, los no sirvientes seguían muchas de las costumbres dejadas en el país por los mongoles.

La independencia de las aldeas frente a la autocracia zarista fue disminuyendo progresivamente. Este proceso se acentuó con Basilio III, cuando los campesinos perdieron muchas de sus libertades. Las continuas guerras con Polonia y con Lituania exigían soldados para el Ejército. Estos soldados eran en su mayoría de extracción campesina. Pero la libertad campesina tradicional empezó a mermar. Tradicionalmente, los campesinos podían establecerse libremente donde quisieran, o bien en una parcela con dueño, previo pago de un modesto terrazgo. Esta última modalidad, que dio lugar a los terrazgueros, era la preferida por los campesinos, pues conllevaba protección por parte de los señores. El despotismo bizantino acabó asfixiando a los terrazgueros, que iniciaron diversos éxodos hacia las tierras libres. Pero esta solución la consideraban los señores perjudicial para ellos, por lo que consiguieron del Gobierno una disposición en 1497 según la cual el asentamiento de los campesinos estaba sometido a severas restricciones, no autorizándose la migración más que una vez al año, el 26 de noviembre, día de San Jorge, una vez terminada la recolección de la cosecha.

También fueron aumentando los impuestos a los campesinos. La percepción del Poder y de las ciudades cambió para los campesinos. Según datos de 1520, en Moscú había entonces 100.000 almas, mientras que otras 14 ciudades contaban con unos 15.000 habitantes. Las aldeas no solían sobrepasar las 500 isbas o cabañas.

*Desde 1533, año de la muerte de Basilio III, hasta el 3 de abril de 1538, ejerció el poder en Moscú la emperatriz, Elena Glinskaya, segunda esposa[15] de Basilio III (se casaron en enero de 1526) y madre de Iván IV. Elena era hija de Basilio Glinsky, y bajo su gobierno, entregado a su favorito el príncipe Ivan Feodorovich Ovchina-Telepnev-Obolensky[16], reinó en parte el terror. A un hermano del difunto zar, Yuri, lo dejaron morir en prisión de hambre, y a otro, Andrés, lo mandaron estrangular. Cuando Elena murió envenenada, se hizo cargo de la regencia el príncipe Vasily Vasilievich «Nemoy» («el Mudo»), de la familia de los Chúisky. En realidad, los responsables de la muerte de Elena habían sido los Chúisky (Shuysky). A la muerte de «Nemoy», en ese mismo año de 1538, le sucede su joven hermano Ivan Vasilievich Shuysky, que moriría en oscuras circunstancias en 1546. Pero antes, en 1540, el príncipe Iván Feodorovich Belsky, con la ayuda del Metropolitano de Moscú, Joasaphus Skripitsyn[17], emplea similares métodos expeditivos contra los Chúisky. Sin embargo, este príncipe Iván Belsky, sería a su vez asesinado en 1542 por sicarios de Ivan Vasilievich Shuysky, retornando de nuevo el poder a esta familia, aunque ya por poco tiempo, pues el nuevo zar va a dar muestras de gran precocidad.

Con apenas catorce años, el nuevo zar, Iván IV, ya dejó constancia de su proceder ordenando arrojar a los perros al príncipe Andrei Chúisky (1543). El 16 de enero de 1547[18] se casó con Anastasia Romanovna (hija del boyardo Román Zajarin) en la Catedral de la Asunción de Moscú, siendo el primer Gosudár que empleó oficialmente el título de zar. En plena luna de miel, se declaró, el 21 de junio, un incendio que devastó Moscú, causando miles de muertos. El zar regresó en otoño, y comenzó una indiscriminada persecución de boyardos, parece ser que llevada a cabo por elementos populares incontrolados que responsabilizaban a aquellos del desastre. Marcoff no culpabiliza al zar. En cualquier caso, la persecución y los asesinatos fueron detenidos por el monje Silvestre, que se convirtió en un inteligente consejero del joven Iván IV. Silvestre se rodeó de un Gobierno competente, en el que destacó Alexis Adachev (ambos caerían en desgracia en 1551).

En ese año de 1551 tuvo lugar un Congreso en Moscú, llamado Centicapitular, por sus cien disposiciones. Las personalidades religiosas que participaron eran sólo de Moscú, con lo que las provincias se vieron relegadas. Los asuntos religiosos se trataron de manera defectuosa, sin rigor y con múltiples ambigüedades y contradicciones, que se reflejaban en la redacción de los múltiples libros sagrados. En lo que sí fue severo el Congreso es en disponer la supresión de las prácticas supersticiosas, lo que llevó a un alejamiento del pueblo de la jerarquía eclesiástica. También fueron prohibidos los juegos de azar, pero sobre todo fue castigada la mujer, a la que se consideró fuente de pecado. Se acentuó el sometimiento de la mujer al varón, que podía tratarla casi como una esclava.

Una vez que el consejero Silvestre y que Alexis Adachev cayeron en desgracia, el zar mostró su verdadero rostro, su vesania y su crueldad. En principio las guerras con el exterior le fueron favorables a Rusia. En 1552 se conquistó Kazán y en 1556 Astrakán. Las victorias sobre Lituania también engrandecieron el espacio geográfico ruso. El triple concepto de zar, patria rusa y fe ortodoxa pareció afianzarse como nunca entre el pueblo. Pero a finales de 1564, Iván IV amenazó con abandonar el trono y retirarse a su residencia favorita de Alexándrovo. Cumplió su amenaza, y sólo después de muchas súplicas regresó el 2 de febrero de 1565. Pero ya era otro hombre completamente distinto. Se dejó llevar por los más bajos instintos criminales, sembrando el terror en toda Rusia. Para ello se valió de la temible Opríchina (Oprichnina), una verdadera casta de adeptos al zar que terminó convirtiéndose en una milicia policíaca, primer embrión de la policía política que tan graves consecuencias ha tenido en la historia contemporánea de Rusia, sobre todo bajo Nicolás I Romanov y el régimen bolchevique. Las tierras fueron divididas entre las pertenecientes a los opríchinikis y las de los villanos. Los primeros podían entrar, saquear y apropiarse de las tierras y bienes de los villanos, es decir, del pueblo, de manera irracional e indiscriminada. Los crímenes y atrocidades fueron espantosos en toda Rusia, sin distinción de la posición social y económica. Mujeres violadas y asesinadas, niños asesinados, aldeas destruidas, apropiación de ciudades enteras. Las cifras son escalofriantes: decenas de miles de asesinatos, en los que se competía en la más refinada crueldad. En Novgorod, unos 15.000; en Pskov y en Tver, 4.500 en cada una. En las zonas rurales, más de 60.000 ajusticiados y torturados[19]. Uno de los principales ejecutores de las órdenes del zar fue el odiado Malyuta Skuratov, que, entre otros crímenes, estranguló al metropolitano Felipe II (nacido en 1507 con el nombre de Feodor Stepanovich Kolychev) de Moscú el 23 de diciembre de 1569, después de haber permanecido largo tiempo en prisión. El propio zar, que empleó el hacha en más de una ocasión para decapitar a los desgraciados y que a veces celebraba festines donde se mandaba ejecutar en su presencia a medio centenar de boyardos, dio muerte con sus propias manos a su primogénito Iván el 16 de noviembre de 1581 en Alexándrovo (en el actual oblast de Vladimir, a 120 km al NE de Moscú).

En medio de estas terribles matanzas y de este régimen de terror, se presentó en Moscú, el 14 de febrero de 1582, el jesuita italiano Antonio Possevino (Antonius Possevinus) (10 julio 1533 – 26 febrero 1611), diplomático y bibliotecario, con el mensaje del Papa Gregorio XIII de reanudar las relaciones y las conversaciones con la Iglesia ortodoxa rusa. Naturalmente, esta misión fracasó. En realidad, el zar estaba necesitado de ayuda, debido a sus reveses en Polonia[20] y Livonia[21], por lo que solicitó la mediación de Viena y de Roma. De ahí la presencia de Possevino, que abandonó Moscú el 11 de mayo.

El 17 de marzo de 1583 murió el zar, después de un sanguinario reinado que cambió la mentalidad popular. Empezó a desarrollarse un amplio movimiento, físico y espiritual, que Marcoff llama «cosaquismo», y que va a determinar la formación de la «Rusia errante», de grandes consecuencias en el futuro.

*La proliferación de campesinos que abandonaban sus tierras, así como la abundancia creciente de personas errantes que deambulaban por los caminos de Rusia, provocó paulatinas disposiciones que se hallan en el origen de la vinculación obligatoria del campesino, del siervo, a la tierra del señor, esto es, una servidumbre de los humildes que puede considerarse como una especie particular de régimen feudal en el que los no sirvientes terminarían estando prácticamente «esclavizados» a la tierra.

Los fugitivos, cada vez en mayor número, los fuera de la ley, iban alejándose progresivamente del centro del Imperio ruso, tratando de alcanzar sus bordes, los confines del sur, las estepas de Ucrania[22] y los frondosos bosques que bordeaban el Don, el Dniéper y el Volga. Todas estas personas al margen de la ley, supieron protegerse de los bárbaros fronterizos a ellos, y fue de este modo como surgieron los cosacos[23] rusos, que fundaron la Sech (campamento militar fortificado) de Zaporojie (hoy Zaporiyia o Zaporizhia, ciudad del SE de Ucrania) y numerosas stanitzas (campamentos cosacos) a lo largo de los ríos Don y Ural. Los jefes de las bandas de cosacos se llamaban «atamanes» o también «esaules». Estas bandas atacaban a los mercaderes rusos, tanto en tierra como en los ríos, pero también a los tártaros, a los kalmukos y a los turcos fronterizos a ellos. Lo que los caracterizaba era su libertad e independencia, así como el que vivían del saqueo, del bandidaje. Distintos eran los cosacos que se dirigieron a las regiones casi vírgenes del norte de Rusia, escondidos en parajes cenagosos y en zonas boscosas. Estos cosacos sí se dedicaron al trabajo, o se convirtieron en peregrinos, pedigüeños, limosneros, santones o benditos, haciendo a veces de intermediarios entre los monasterios y el mundo exterior.

Distintos a todos ellos eran los stárets (ancianos), con sus negras sotanas de monjes, altos, huesudos, peludos, ciñéndose la sotana con una cuerda y colocándose en la cabeza un gorro en invierno y un pañuelo en verano. No pedían nada.

En cuanto a los «benditos», eran lisiados, contrahechos, con voz insegura y chillona, que hablaban de manera obscura e incoherente, que a veces padecían epilepsia, real o fingida, y que se comportaban como acusadores y profetas, inspirando temor.

Alexis Marcoff describe con ágil vivacidad esta Rusia errante de personas al margen de la ley, que deambulaban por los caminos, y, o bien acababan integrándose en las bandas de cosacos, o se convertían en limosneros, en vagabundos, en mendicantes, en bandidos o, por último, acababan trabajando en los monasterios. Marcoff resume muy bien las páginas del etnógrafo Sergei Maximov (1831-1901), que escribió un libro sobre este capítulo de la historia rusa titulado La Rusia errante (San Petersburgo, 1877). En cuanto a la vida y las costumbres de los cosacos, que llegaron a organizar una verdadera hermandad al margen del Estado y del Gobierno ruso, resulta imprescindible la novela histórica de Nikolai Gogol titulada Tarás Bulba (1835)[24], ambientada en el siglo XVI. Para los cosacos sólo existían la Fe Rusa y la Tierra Rusa. Del zar no querían saber nada. Estaban animados de un espíritu rebelde antiestatal, una suerte de anarquismo eslavo basado en un anhelo de libertad individual y donde el espíritu unificador derivaba del ideal común determinado por el amor a la independencia, a la tierra y a la fe.

La Rusia errante del norte era distinta. La vida de estos hombres era individualista, pero no poseían apenas cultura alguna y estaban imbuidos de un indudable fanatismo religioso, llegando a convertirse en instrumentos ciegos del monacato.

La marcada división que hemos señalado entre las tierras de la Opríchina y las tierras de los viles o villanos, creó un abismo entre el Poder y el pueblo, entre la ciudad y el campo.

*A la muerte de Iván IV el reino se sume en la anarquía. En 1588 es nombrado regente el boyardo Borís Godunov, un hombre astuto y sin escrúpulos. En 1589 Moscú se convierte en Patriarcado independiente. De los dos hijos de Iván IV, el mayor, Fiodor, era un demente; el segundo, Dimitri, fue asesinado por orden de Borís Godunov. Es entonces, muerto también Fiodor, cuando Godunov es elegido zar (1598-1605). Entre 1601 y 1603, el llamado «falso Dimitri», alentado por Polonia, pretende arrebatar el trono al usurpador. Godunov muere repentinamente en abril de 1605, y entonces muchos partidarios de Godunov se pasaron al bando del «falso Dimitri». El 15 de junio, la esposa y el hijo de Godunov, Fiodor II, son asesinados. El «falso Dimitri» hace su entrada en Moscú el 20 de junio, siendo coronado el 21. El 17 de mayo de 1606, Dimitri es asesinado. Esto ocurre en pleno periodo de los desórdenes (Smuta) o periodo turbio, que se extiende desde 1605 a 1613. Finalmente, el levantamiento patriótico de 1612 le da el poder al boyardo Miguel Romanov. Poco antes, en 1611, los polacos se anexionan Smolensko. Desde 1605, los polacos ocupan Moscú. El levantamiento patriótico lo dirige Kuzmá (Kozmá) Minin[25] († 1616), un mercader ruso de Nizhni Novgorod[26] que resistió heroicamente la invasión polaca. El Ejército fue comandado por el príncipe ruríkida Dmitri Mijaílovich Pozharski (Dimitri Pojarsky) (1578-1642). A principios de abril de 1612 las tropas rusas estaban a la altura de Yaroslavl (a orillas del Volga, al N de Rostov), y el 20 de agosto llegaron a Moscú. Los cosacos del atamán Zaruzki, que al principio eran aliados de los polacos, viendo la superioridad de Pojarsky, se unieron al bando ruso. El 25 de octubre cayó el Kremlin. La matanza de polacos fue brutal. Fueron exterminados todos sin piedad. Debido a que la amenaza polaca no estaba conjurada, los rusos se dieron prisa en nombrar un nuevo zar, pero el 21 de diciembre todos señalaron al hijo del popularísimo boyardo Fedor Romanov (Feodor Nikitich Romanov), que se había hecho monje con el nombre de Filareto (Filaret). Ese hijo de Filareto, Miguel Fedorovich Romanov, vivía con su madre en el monasterio de Ipatiev, cerca de la ciudad de Kostroma (al N de Yaroslavl). Allí acudió una delegación para decirle que había sido nombrado zar.

*El reinado de Miguel Fedorovich Romanov (1613-1645) no fue especialmente afortunado. En sus comienzos, la situación era de general inseguridad. Bandidos, forajidos y todo tipo de salteadores ocupaban con total impunidad los caminos de Rusia, llegando incluso a asaltar monasterios y hasta aproximarse temerariamente a Moscú en ocasiones.  Cuando era posible, la represión contra ellos alcanzaba también proporciones desmesuradas. Si los bandidos habían dejado más de 2.500 cadáveres en un poblado sobre el río Onega, el intento de asalto del monasterio de Simonov[27] (en Moscú) les ocasionó 2.000 muertos a los bandidos, que, además, fueron aprisionados en número de 3.000, siendo todos ellos ahorcados inmediatamente.

En junio de 1619, el padre del zar, el monje Filaret, regresó del exilio polaco y fue nombrado unánimemente patriarca, estableciéndose así por ver primera la diarquía (el padre a la cabeza del Estado y el hijo a la cabeza de la Iglesia).

A muchos bandidos se les condonaron sus crímenes a cambio de proteger las fronteras del Don y del Dniéper, origen éste del ejército libre de los cosacos, tan importante en el futuro. Se creó un Ministerio para la represión del bandolerismo y un Ministerio patriarcal de asuntos religiosos.

La primera esposa del zar, María Vladimirovna Dolgorukova, con la que se había casado en 1624, murió, quizás envenenada, en enero de 1625. En febrero de 1626 se volvió a casar, esta vez con Eudoquia Stréchneva (Eudoxia Streshnyova), que le dio un hijo, Alexis, sucesor de su padre en 1645.

Bajo el reinado de Miguel Romanov, Moscú fue notablemente embellecida y prosperó económica y socialmente. Hubo una marcada tendencia orientada hacia la cultura europea occidental. Gracias a la imprenta, que había sido introducida en Rusia en el siglo XVI por Iván Fyodorov (ca. 1525-1583), se pudieron imprimir libros no sólo religiosos, sino también científicos.  El libro pío por excelencia de aquel tiempo fue el Espejo teologal de Cirilo Tranquiliano o Cyrillus Tranquillus (Kirill Trankvillion-Stavrovetskii, † 1646)[28].

Esta circulación de libros facilitaría la formación autodidacta del futuro Patriarca Nikon de Moscú (entre 1652-1658), un personaje histórico fundamental, en buena medida responsable del Raskol (cisma interno) durante su gobierno metropolitano. Nacido en 1605, le pusieron el nombre de Nikita, y era hijo de un campesino de la aldea de Velemanov (Valmanovo), a unos 96 km de Nijni-Novgorod. Viendo cómo su padre maltrataba cruelmente a su esposa, que era madrastra de Nikita y confidente suyo, pues se desahogaba con él, Nikita se fue refugiando en la lectura, hasta poseer una sólida cultura con veinte años, que fue cuando decidió hacerse monje. Se alejó al monasterio de la pequeña isla de Anzersk (Anzersky, de 47 km2), del archipiélago Solovetsky, en el Mar Blanco, al sur de la península de Kola, donde llegó a ser higúmeno. El zar Alexis I lo nombró Patriarca de Moscú el 25 de julio de 1652, iniciando desde ese momento una reforma religiosa que tuvo como punto de partida el estado de incultura en el que se encontraban los popes, así como las confusiones, alteraciones y contradicciones de los textos sagrados y de los ritos litúrgicos. El propósito fue el de modernizar y unificar criterios, pero Nikon llegó a encontrarse con una oposición encarnizada. Era un hombre muy instruido, aunque enérgico y de gran resolución. Pero antes de ocuparnos de su reforma, hay que dedicar unos párrafos a la Academia Eclesiástica de Kiev (llamada Bursa), fundada por Piotr Semiónovich Moguila, metropolitano de Kiev desde 1633, con el fin de contrarrestar los avances del catolicismo jesuítico en la Rusia blanca.

*La Academia Eclesiástica de Kiev era por entonces el más importante centro docente de Rusia. En esta misma ciudad estaba el famoso monasterio Pechersk Lavra o Laura (Monasterio de las Cuevas), fundado en 1051 en época de Yaroslav el Sabio. Uno de los historiadores que mejor ha estudiado el funcionamiento de la Bursa ha sido Nikolai Gerasimov Pomialovsky (1835-1863), que le dedicó una monografía en 1862-1863 (Seminary Sketches, en ruso Ocherki bursy). Al frente de la Academia había un Rector, asistido por un Prefecto, inspectores, maestros y celadores. Los alumnos destacados estaban jerarquizados en «procónsules», «cónsules» y «lictores», siendo corriente el espionaje y la delación. El cargo más terrible era el de «secundador», cuya misión consistía en flagelar a los estudiantes que no se sabían las lecciones o vulneraban las estrictas reglas. Los castigos corporales eran muy duros, llegando a desvirtuar el carácter de la institución. La Academia estaba dividida en cursos, pero los superiores nunca se alcanzaban ni tampoco había interés por parte de los responsables académicos en que este objetivo se lograse. Lo peor fue que, bajo la presión de ciertos popes, se dictaron leyes muy severas que obligaban a todos los rusos varones analfabetos entre diez y treinta años, que era la inmensa mayoría de la población en esas edades, a escolarizarse en estas bursas que proliferaron por todo el país. El régimen era cuartelario, casi penitenciario, infligiéndose castigos corporales tan duros e inhumanos que provocaron la muerte de muchos alumnos. Se aplicaba incluso la tortura. El historiador Pomialovsky lo explica con todo detalle. Las escenas son espeluznantes. Estos acontecimientos, que estaban sucediendo bajo el reinado de Miguel I Romanov, generaron un gran número de personas irritadas, profundamente descontentas, resentidas, hostiles crecientemente al Estado. La salida para muchos fue situarse al margen de la ley, engrosar las filas de los bandidos y de los cosacos. Otro fenómeno paralelo es el de la formación del primer proletariado de Rusia, el proletariado eclesiástico, popes incultos que vivían en condiciones misérrimas.

Los cosacos y bandidos aumentaban, mientras que los campesinos disminuían y abandonaban los campos. El Gobierno, mientras, extremaba la represión. Pero la actuación y proliferación de los bandidos se incrementó extraordinariamente, cometiendo también las más atroces fechorías.

*Fue entonces cuando el hijo y sucesor de Miguel I, el zar Alexis I (que ocupó el trono entre 1645 y 1676), concertó con su mejor consejero, el príncipe boyardo Borís Ivanovich Morozov (1590-1661), recurrir a la ayuda de Polonia. Se creó un cuerpo de Policía secreta, que prestaría la mayor atención a los delitos políticos. Esta era la situación cuando Nikon presentó al zar Alejo I Romanov su proyecto de reforma religiosa en 1652. Nikon era un fanático, muy autoritario, de desmedido amor propio y que se había encumbrado gracias a su intransigencia. Al principio, contó con la colaboración de varios clérigos parecidos a él en su fanatismo, a fin de corregir los libros sagrados eslavos cotejándolos con los griegos. Estos clérigos eran Petrov Avvakum (1620/21 – 1682), Nikita Pustosviat (nacido Nikita Konstantinovich Dobrynin) († 11 junio 1683) e Iván Neronov[29] (1591-1670). Muy pronto surgieron las desavenencias entre Nikon y estos clérigos, demasiado incultos para él y sus objetivos reformistas, por lo que los despidió, aunque se granjeó la enemistad de todos ellos, extremadamente peligrosos y fanáticos. Fueron sustituidos por otros, como el archimandrita Dionysius, venido del Monte Athos, Arsenii Shukanov (1600-1668), Epifanius Slavenitzki y Damaskin de Ptitz. Antes de estos hechos, Avvakum había tenido problemas desde 1643, con sólo 21 años, por su carácter belicoso. Cuando Avvakum fue nombrado para un cargo en Kazán, tuvo un enfrentamiento con el voivoda (preboste o gobernador) de la ciudad, un noble boyardo de la familia Cheremetiev. Llegó a estar en Siberia, predicando la fe de los viejos creyentes. En 1652 lo escogió Nikon, pero el enfrentamiento con éste le supuso ser deportado a Siberia en 1653. Pudo regresar de allí en 1662, gracias a la intervención de otro fanático, Stephan Vonifatiyev, capellán de honor del zar Alexis I, e ingresar en un monasterio de Moscú. No obstante, en 1666 fue deportado de nuevo a Pustozersk (Pustozyorsk), en el oblast de Arkángel (Arjánguelsk), en el extremo norte de la Rusia europea.

 

*Nikon convocó varios Concilios, a fin de llevar a cabo sus reformas. Tuvieron lugar en 1654, 1655, 1656 y 1657, abordándose en las cuatro reuniones todo tipo de cuestiones litúrgicas y de unificación de los textos sagrados[30]. Los disidentes o raskólniki, uno de cuyos principales líderes era Avvakum, se multiplicaron, siendo durísimamente perseguidos, torturados y ejecutados. La insubordinación comenzó en el verano de 1668 en el Monasterio de la isla de Anzersk, del archipiélago Solovetsky, en el Mar Blanco. A principios de septiembre de 1669, una unidad de streltsy (streltzi, guardia al servicio del zar y protectora del Kremlin, creada en época de Iván IV el Terrible), al mando del voivoda Vólojov (I. Volkhov), fracasó, resistiendo los monjes durante varios años. En 1674, el voivoda I. Mescherinov, fue enviado con unos 800 soldados de refresco, pero también fracasó. Finalmente, en la madrugada del 29 de enero de 1676, un novicio del convento, llamado Feoktist (Teoctista), indicó a los sitiadores un pasadizo secreto, produciéndose a continuación una terrible carnicería en la que murieron todos los que había dentro del monasterio, menos 60, que en su mayor parte fueron ejecutados más tarde.

 

*La rebelión del Monasterio de Anzersk se extendió por toda Rusia, desde el Mar Blanco hasta el Mar Negro, desde el Dniéper hasta los Urales. Peregrinos, santones y mendigos agitaron a los campesinos, llegando hasta los cosacos establecidos en el Don y en Zaporojie. Muchos cosacos que habían tomado parte como voluntarios, con el objetivo de obtener un cuantioso botín, contra los polacos junto al ejército moscovita, pretendieron desertar y volver a sus campamentos, pero fueron perseguidos y duramente reprimidos por el príncipe Yuri Dolgoruki, que ordenó ahorcar al atamán Razin. De los dos hermanos de éste, Frol y Stepán, este segundo juró vengar su muerte. El levantamiento de Anzersk aún soliviantó más a los cosacos, mandados desde 1668 por el rebelde Stepán Razin (Stenka Timoféyevich Razin, 1630 – 16 junio 1671). A principios de 1668, derrotó al voivoda Yakov Bezobrazov. El numerosísimo grupo de rebeldes en torno a Stenka Razin incluía también a los viejos creyentes (raskólniki) y todo tipo de réprobos y fuera de la ley. La sangrienta revuelta de Stenka Razin personifica extraordinariamente esa Rusia errante y cosaca. Stenka Razin era un espíritu libre, que no reconocía ninguna autoridad más que la suya, cruel y sangriento. Sólo admitía vivir el presente y estaba imbuido de una ideología en extremo radical y arbitraria. Odiaba el trabajo por la disciplina que implicaba. En su persona se alternaban los gestos generosos con los más brutales y despiadados. Estos últimos quedan bien ilustrados con su comportamiento con la bellísima princesa persa Gamartadj, hija de Menedin-Kan, raptada en 1669 en su expedición de saqueo al riquísimo palacio de la aldea de Farabat[31], muchacha que conquistó brevemente su corazón, pero a la que, del modo más imprevisible e inhumano, en un arrebato, arrojó en Astrakán a las negras aguas del Volga, donde se ahogó inmediatamente. Todas las aldeas desde Astrakán hasta Simbirsk (Ulianovsk, al sur de Kazán) fueron saqueadas y exterminados los habitantes que no pertenecían al «pueblo». Rebeliones parecidas estaban sucediendo en el alto Volga, en Kazán, Nijni-Novgorod, Yaroslavl y la cuenca del río Oka[32]. Finalmente, el príncipe Yuri Dolgoruki derrotó a las indisciplinadas huestes de Stenka Razin cerca de Simbirsk, siendo trasladado el cabecilla a Moscú donde fue salvajemente descuartizado. Los cosacos que continuaron actuando, depusieron las armas al ser tomada Astrakán un año después. Pero la Rusia errante no desapareció.

*El sucesor de Alexis I fue su hijo Fedor (Theodore) III Alexeyevich (zar entre 1676 y 1682). Durante su reinado, la corte se occidentalizó aún más. La presencia de nobles polacos floreció, influyendo con su estilo de vida y costumbres en la aristocracia rusa. Los contrastes y desigualdades sociales se acentuaron, no sólo en Moscú, sino en toda Rusia. Avvakum y varios de sus seguidores, Lázaro, Epifanio y Nikiforo, fueron quemados vivos por alta traición, pues se les acusaba de instar mediante diversos escritos a la rebelión abierta contra el zar y su familia. A su vez, los raskólniki se dividieron en bespopovzi (contrarios a los popes) y popovzi (partidarios de que hubiese eclesiásticos). Los bespopovzi prescindieron, además, de todos los sacramentos, menos del bautismo. La confesión la llevaban a cabo los ancianos del mir. El matrimonio fue sustituido por la «cohabitación cristiana». Esta secta contraria a la institución eclesiástica fue refugiándose en los bordes del Imperio, o bien en los grandes bosques del norte, en el alto Volga y en el alto Kama[33]; o bien en las estepas de Oremburgo[34], o bien atravesaron los Urales, o directamente huyeron al extranjero (Polonia, Prusia, Suecia, Austria, el Cáucaso), o incluso llegaron a establecerse junto a los tártaros en Crimea.

*Al morir Fedor III en abril de 1682 se hizo con el poder su hermana Sofía Alekséyevna Románova, que gobernó hasta 1689. Era hija del zar Alexis I y hermana de padre del futuro Pedro I. Sofía se apoyó en la streltzi, el regimiento de tiradores de la guardia del zar que entonces estaban comandados por el príncipe Ivan Andreyevich Khovansky (Jovansky). Estos miembros de la streltzi eran viejos creyentes, y estaban dispuestos a restablecer la antigua fe y destruir todo lo occidental. Sofía prometió ayudarles, caso de que la eligiesen soberana. El motín  de la streltzi tuvo lugar entre el 15 y el 17 de mayo de 1682, produciéndose una auténtica matanza de boyardos, llegando incluso a penetrar en las iglesias para asesinar allí mismo a los que se habían escondido. Destrozaron los iconos, las reliquias y los altares. Después, saquearon numerosas mansiones señoriales de los boyardos y de los funcionarios más destacados. Criados, niños y mujeres fueron martirizados y asesinados sin piedad. El día 17 le tocó el turno a los extranjeros que residían en la capital, en el «barrio alemán», a las afueras de Moscú. Los más bajos instintos se desataron con inusitada crueldad. También hubo asalto de comercios, tiendas, almacenes y tabernas, apoderándose de la Casa de la Moneda y saqueando el Tesoro Público. Los gravísimos disturbios continuaron hasta finales de mayo. El Patriarca Joaquín fue derribado con la cruz, y el boyardo Artamón Serguéievich Matvéyev arrojado por una ventana, ensartado en picas y descuartizado (27 de mayo de 1682). Sofía logró calmarlos con una sustanciosa suma, pero cuando le propusieron la instauración de la fe antigua, no se atrevió. La streltzi estaba azuzada por fanáticos como Nikita Pustosviat. Pero Sofía decidió que se convocase un Concilio, dirigido por las autoridades eclesiásticas oficiales. El 5 de julio, ante la Catedral del Arcángel San Miguel, dentro del recinto del Kremlin, se dispusieron mesas con los libros sagrados. Los raskólniki, guiados por el propio Pustosviat, penetraron en el recinto. En la discusión teológica que siguió, los raskólniki creyeron haber vencido y que la fe antigua se había restablecido. Pero el problema religioso atemperó las ansias de gobierno de Sofía, que concedió iguales derechos de soberanía a sendos hermanos, Iván (Iván V) y Pedro (Pedro I). Después, Sofía convenció a un grupo dirigente de la streltzi de la ruindad de sus acciones, previa larga recompensa dineraria. En septiembre de 1682 el príncipe Khovansky, junto con su hijo, que habían sido detenidos cerca de Moscú, fueron decapitados en Vozdvizhenskoe[35]. Nikita Pustosviat fue detenido y decapitado junto con cinco acólitos en la Plaza Roja el 11 de junio de 1683. La represión contra los raskólniki se recrudeció (leyes de 1682 y de 1684). No concurrir a las iglesias y no comulgar era suficiente para sufrir la tortura, amputaciones, o, en caso de reincidencia, ser quemado vivo. A su vez, los viejos creyentes optaron en masa por el martirio y la autoinmolación. Uno de los primeros ejemplos lo dio la comunidad de monjes del Monasterio de Paleostrovsk, a orillas del lago Onega, en la frontera ruso-finlandesa, que después de sufrir un asedio entre 1687 y 1688, por orden del Patriarca de Moscú, decidió morir en las llamas de las piras que habían preparado en el interior del recinto. Más de 3000 monjes, junto a muchos servidores, mujeres y niños perecieron entonando cánticos ante los atónitos ojos de los sitiadores. Este tipo de escenas se multiplicaron por diversos lugares de Rusia.

*En 1689, cuando Pedro I tenía 17 años, obligó a su hermana de padre, Sofía Alekséyevna Románova, a abandonar la regencia, recluyéndola en el Monasterio Novodevichy de Moscú, donde falleció en julio de 1704, no sin haber intentado una fracasada recuperación del poder en 1698, durante una ausencia de Pedro I de viaje por Europa. Pedro I, con una energía y resolución desconocidas hasta entonces, se propuso la occidentalización de Rusia, siguiendo los ejemplos de costumbres, moda, atuendo y aspecto exterior de Francia, y, sobre todo, de Alemania. Su reinado se distinguió por la gigantesca represión llevada a cabo contra los disidentes, bien fuesen viejos creyentes o de cualquier otro tipo. La represión bañó literalmente a Rusia en una orgía de sangre. Pedro se propuso acabar con todas las tradiciones, pero también con las instituciones religiosas y las creencias que existían en Rusia desde hacía siglos. Por oponerse a sus consignas, el Patriarcado fue suprimido, y, en su lugar, instituido un Santo Sínodo de carácter laico que se ocuparía de las cuestiones religiosas. La Rusia errante, la de los fuera de la ley, la cosaquería, se incrementó extraordinariamente. Pedro se rodeó de extranjeros como sus principales colaboradores. La primera muestra importante de sus métodos pudo manifestarse en la revuelta de la streltzi de marzo de 1698, con el propósito de reponer en el poder a Sofía Alekséyevna Románova. El zar se encontraba en el extranjero, pero dio órdenes terminantes. La represión posterior, desde septiembre de 1698 hasta febrero de 1699, no se había conocido antes en Rusia. A una primera ejecución de 57 insurrectos, sucedió otra de 1182 individuos. Familias enteras fueron aniquiladas. Por centenares fueron enviados al exilio, marcados con fuego o víctimas del knut, un instrumento a modo de látigo especialmente sangriento y doloroso. Las ejecuciones por esta revuelta se sucedieron hasta 1707. Igualmente feroz fue la persecución contra los raskólniki, extendida a todos los que se opusiesen a las reformas de modernización. Pedro I se precipitó, nos dice Marcoff, en querer cambiar el aspecto exterior del hombre ruso, pero se desentendió de su alma. La fractura que se produjo entre la Rusia errante, los disidentes y perseguidos, y las autoridades, fue ya irreparable para siempre. El zar no tuvo en cuenta el tremendo proceso de desintegración de la sociedad rusa que se estaba produciendo, la pavorosa extensión de la cosaquería. Unos centenares de miles (soldados, funcionarios, nobleza pro-occidental) sometían a varios millones de seres humanos. El propio zar fue considerado por muchos como la encarnación misma del anticristo. Los disidentes no se amilanaron, sin embargo. Aprovecharon el arma que era la imprenta para difundir sus proclamas y su oposición a las medidas contra las tradiciones rusas. Una de las personas que mejor manejó ese instrumento de propaganda fue Gregorio Talitzky (Grigory Talitsky), pero fue pronto capturado y quemado lentamente. Esta propaganda enfureció aún más a Pedro, que creó un Ministerio especial llamado Prikáz en las cercanías de Moscú, en Preobrajensk (Preobrazhenskoye). Por toda Rusia se extendió una tupida red de agentes y de informadores, una organización que es un precedente de la cheka bolchevique, con su práctica de la delación, el espionaje y la tortura. El historiador Grigori Vasilievich Esipov (1812-1899) estudió a fondo el funcionamiento del Prikáz, investigando en sus archivos. Uno de sus trabajos es el titulado Procesos de antiguos creyentes en el siglo XVIII, según informes recogidos en el archivo del Prikáz de Preobrajensk (Moscú, 1883). En este estudio se da cuenta de los espeluznantes y terroríficos métodos empleados, que suponían el exterminio, a través de una sola persona, de centenares de ellas, pues el terror y el miedo atroz hacían que unas delataran a otras en una cadena interminable. Los que habían mantenido silencio, eran igualmente considerados cómplices y sufrían ellos y sus familiares la misma desgraciada suerte. Marcoff resume el proceso de uno de estos casos según las investigaciones de Esipov, concretamente el que tuvo como protagonista al pope disidente Iván Borisov, de la ciudad de Kostroma (en el centro de la Rusia europea), delatado por el zapatero Denis Sávin. El proceso duró más de dos años y el número de muertos por tortura de este caso concreto incluyó a varios centenares de individuos. En el momento álgido de la represión, en el Prikáz de Preobrajensk se instruían mensualmente un promedio de 450 causas con varios centenares de inculpados cada una.

La psicología de las masas populares cambió con este régimen de terror. Se extendió el autoexterminio colectivo. El intelectual Aleksandr Stepanovich Prugavin[36] (1850-1920), investigador de las sectas rusas, dice a este respecto en un artículo del periódico[37] El pensamiento ruso, de enero de 1884: «El autoexterminio colectivo es patrimonio exclusivo del pueblo ruso. Nada parecido encontramos en otros pueblos; en parte alguna llegó a tanto el fanatismo religioso». Este autoexterminio atraviesa una primera fase, en la que los raskólniki preferían morir entre las llamas a entregarse, y una segunda que está determinada por la doctrina de que la salvación del alma se encuentra en la muerte voluntaria. Las mejores publicaciones acerca de esta secta de los autoexterminadores son las Actas históricas, la Historia de las disidencias religiosas en Rusia, del metropolitano Makario (Macarius Bulgakov, 1816-1882)[38]; el Synódico, de Aleksandr Nikolaevich Pypin (1833-1904), y Los autoexterminadores, de Aleksandr Stepanovich Prugavin. Las víctimas que se autoinmolaban se contaban por millares en Tobolsk[39], Bieloselsk[40], en la provincia de Olonetz[41] y en la región de Pechora[42], en la provincia de Vologda[43] y en la aldea de Strokino[44]. Sólo a partir de 1674 comenzó a disminuir el número de víctimas, pero la secta continuó existiendo hasta mediados del siglo XIX. Uno de los sucesos más macabros, relatado por Prugavin en el periódico El pensamiento ruso, de enero de 1885, lo protagonizó, todavía en el mes de agosto de 1847, un siervo de la condesa Strogonova llamado Piotr Kolkin, en una zona boscosa del río Kama.

Otras sectas que también proliferaron fueron los jlisti [45] y los skopzi [46] (Skoptsy).

Cuando surgieron los raskólniki, Rusia quedó dividida entre los antiguos creyentes y los que no lo eran. Los viejos creyentes lucharon contra el analfabetismo creando escuelas. El gran historiador Kostomarov, en un artículo del Noticiero europeo de 1871, se refiere al hecho de que los viejos creyentes fomentaron la alfabetización para defender mejor sus creencias.

La muerte de los fanáticos, las autoinmolaciones, iban acompañadas del nacimiento de la moderna industria en algunas regiones. En época de Pedro I se destruyeron aldeas enteras para construir nuevas ciudades. Viendo el zar la resistencia de Moscú a sus reformas, se aprestó a construir una nueva capital, Petersburgo, erigida con indecibles sacrificios y sufrimientos de los operarios.

Apollon Nikolaevich Maikov (1821-1897) publicó un poema en el nº 12 del Boletín histórico, «Los muertos vivos», que resume muy bien el espíritu de esa Rusia errante y desventurada. Muchas ciudades de la Rusia central se despoblaron, perdiendo sólo Moscú un 40 % de su población. En cambio, más allá del Volga y en Siberia aparecieron nuevas poblaciones de los que huían, poblados llamados viselki, o bien crecían las stanitzas, esto es, los campamentos de cosacos, a lo largo de los ríos Don y Ural.

Pedro I murió el 28 de enero de 1725. Aparentemente había acercado Europa a Rusia, pero en realidad lo que hizo fue deformar moralmente a su propio país. Nikolai Sementowski-Kurilo, en su biografía titulada Alejandro I. Euforia y recogimiento de un alma (Madrid, Espasa-Calpe, 1941), dice que los nombres de Pedro el Grande y de Catalina II «sólo pueden despertar en un ruso genuino el recuerdo de intenso sufrimiento y sobrevivir en la memoria de la posteridad con no menor execración que el de su heredero espiritual, Lenin».

 

*Desde la muerte de Pedro I hasta la entronización de Catalina II en 1762, se sucedieron Catalina I (emperatriz entre el 8 de febrero de 1725 y el 17 de mayo de 1727), Pedro II (emperador entre el 18 de mayo de 1727 y el 30 de enero de 1730), Ana Ivanovna (emperatriz entre el 30 de enero de 1730 y el 28 de octubre de 1740), Iván VI (emperador entre el 28 de octubre de 1740, el mismo año de su nacimiento, y el 6 de diciembre de 1741), Isabel Petrovna (emperatriz entre el 6 de diciembre de 1741 y el 5 de enero de 1762) y Pedro III (desde el 5 de enero de 1762 hasta su destronamiento el 9 de julio siguiente). Durante esos 36 o 37 años, los antiguos creyentes continuaron penetrando en los bosques y extendiéndose el cosaquismo. Catalina II, que se deshizo de su marido, Pedro III, destronándolo y ordenando su muerte varios días después (ejecutada por Alexei Orlov el 24 de julio), quiso ser tolerante, según las ideas ilustradas y volterianas, por lo que promulgó leyes y decretos en esta dirección. Pero ya era demasiado tarde. La fractura era irreversible. El pueblo campesino se mostró insensible. A la hipertrofia  religiosa general siguió la atrofia religiosa de la mayoría y la aberración monstruosa de las sectas minoritarias. Era evidente la tremenda crisis que existía en el alma del pueblo ruso. Los sentimientos religiosos entraron en decadencia. La separación entre los campesinos y las ciudades se acentuó aún más. Otra metamorfosis se produjo entre los cosacos. Los de la región del Dniéper eran sustancialmente cristianos; no así los de la región del Don y los de las estepas de Oremburgo. A estas últimas regiones afluía la hez de la Rusia vagabunda, muy acrecentada en época de Catalina II. La cosaquería llegó a adquirir dimensiones aterradoras, uniéndosele obreros industriales descontentos de la zona de los Urales. Empezaron a producirse inquietantes movimientos de unificación entre los cosacos. Los cosacos del Don se rebelaron bajo la dirección de Emelian Pugach (Yemelyan Ivanovich Pugachov), conocido como Pugachev (nacido hacia 1742), que se proclamó auténtico Pedro III, zar de Rusia. En declaraciones posteriores, Pugachev aseguró que había visto a Pedro III durante el sepelio de éste, y que cuando tuvo la osadía de presentarse delante del féretro, abriéndose paso a empellones, regresó inmediatamente después junto a los compañeros que lo esperaban en la plaza, diciéndoles que el emperador estaba vivo y que iban a enterrar a otro. Había logrado quitar el velo que cubría el rostro del zar muerto, y aunque lo intentaron detener unos oficiales, logró zafarse y escapar.

La rebelión de Pugachev estuvo a punto de arruinar el Imperio. Se distinguió por su extraordinaria ferocidad. Mientras que la rebelión de Stenka Razin estaba movida por el ansia de libertad y de independencia, la de Pugachev por la más sórdida y sangrienta venganza. Se mataba con odio, a hacendados, funcionarios y eclesiásticos, es decir, a todos aquellos relacionados con el Gobierno[47]. El programa político de Pugachev es paradójico y contradictorio. Hay quien ha hablado de influencia del monarquismo popular ruso de procedencia tártara. También de «atamanismo», es decir, de caciquismo cosaco creado en las libres regiones de Zaporojie. Estos rebeldes creían en un tipo ideal de monarca, un atamán que gobernaría sin leyes, disposiciones ni ministerios, es decir, sin burocracia alguna. Este espíritu contradictoriamente monárquico y anárquico al mismo tiempo, poseía un fondo democrático, que se nutría del antiguo veche de la República de Novgorod, también patriarcal y democrático simultáneamente. Todo esto es genuinamente ruso; no puede darse en ningún otro sitio. Esto no lo entendió nunca Catalina II, que era de origen alemán. Por lo tanto, «anarquismo monárquico», el deseo de un zar rústico, campesino, y que toda Rusia fuese una inmensa stanitza cosaca, un gigantesco campamento sin clases sociales y donde las desigualdades procediesen del valor personal. En este sentido, Pugachev supo conectar con la mayoría de la Rusia errante que vivía al margen del Estado. Pero estos ideales no estaban en pugna con la idea de Patria y con la «tierra rusa», ni tampoco con la fe, que sería una fe espiritualmente independiente. La fractura entre las ciudades y el campo era total. Este antagonismo era aún mayor como consecuencia de la división de la Iglesia entre los viejos creyentes y la Iglesia oficial. Pero la occidentalización y europeización de las ciudades rusas era sólo superficial, ni mucho menos profunda. En época de Catalina II todo el mundo en las ciudades iba vestido con uniforme, principalmente militar. Vestidos de paisano sólo iban los comerciantes, y aun estos con insignias y medallas. La buena sociedad de las ciudades sólo se dedicaba a bailar, llevar con gracia el uniforme y hablar en francés. Rusia se vio invadida de extranjeros en los altos cargos ministeriales y provinciales; también en el Ejército, sobre todo alemanes. De ahí en parte los sucesivos fracasos para contener y vencer la rebelión de Pugachev, por el desconocimiento de los generales extranjeros de la realidad rusa. Los distintos militares extranjeros que se sucedieron para sofocar la rebelión desde que estalló en 1772, se estrellaron uno tras otro. Hasta que se hizo cargo de la guerra el invicto general ruso Aleksandr Vasílievich  Suvórov (1729-1800), que llegó a tener un encuentro en medio de la noche, sorpresivo y extraordinario, con el propio Pugachev cerca de Zaritzin[48] (Tsaritsyn), a orillas del Volga. Suvórov era para el pueblo, nos dice Marcoff, la personificación de Rusia, de esa Rusia grande y santa contra la cual nunca hubiesen osado alzarse los cosacos. La ejecución de Pugachev tuvo lugar el 10 de enero de 1775, en la Plaza Bolotnaya de Moscú.

*Después de la muerte de Catalina II, subió al trono Pablo I (asesinado el 23 de marzo de 1801), hijo de Pedro III y de Catalina II, que dedicó su gobierno a la ordenación administrativa de los territorios conquistados por Catalina II, así como a la reorganización del Ejército. Bajo su reinado, las dos Iglesias se acercaron, dando lugar a la Iglesia Unificada, perdiendo trascendencia desde entonces el problema religioso.

*El sucesor de Pablo I fue su hijo Alejandro I, que nada tuvo que ver en su muerte. Alejandro era el nieto favorito de su abuela Catalina II. Con su reinado, muy complejo desde el punto de vista psicológico, empieza una nueva época en Rusia. Alejandro intentó de veras acercarse espiritualmente a la psicología del pueblo ruso. El que se sintiese auténticamente ruso fue la gran paradoja trágica de su vida. Plasmó en su persona el alma rusa, precisamente cuando el pueblo ruso ya se había transformado como consecuencia de las terribles opresiones padecidas. Alejandro sintió el hondo misticismo del alma eslava. Sus ideas eran avanzadas. Autorizó el libre paso de sus súbditos por las fronteras, así como la circulación de libros extranjeros; fomentó la instrucción pública, creando escuelas, institutos de enseñanza media, tipografías y universidades (seis distritos universitarios). Se abolió la tortura y se suprimió el sistema de espionaje y de delación puesto en marcha por Pedro I. En todas estas medidas, así como en la elaboración de un proyecto político constitucional, contó con la colaboración del conde de ideología liberal Mijaíl Mijailovich Speransky (1772-1839). El espíritu eslavo dio un enorme paso en el campo de la cultura y de las ciencias. Surgió la «opinión pública». Pero las aldeas continuaron siendo tan míseras como antes y el divorcio entre el campo y la ciudad persistió. La guerra contra Napoleón despertó el sentimiento nacional, que engendró a su vez un nacionalismo paneslavista con connotaciones raciales. El sueño de Alejandro era una Hermandad universal cristiana bajo la égida de Rusia. Sólo de este modo se podía salvar el alma de cada hombre. Los principios de igualdad, libertad y fraternidad debían basarse para él en un espíritu evangélico cristiano. Pero Alejandro deseaba conocer al pueblo ruso, penetrar en su misteriosa y profunda psicología. Quiso entrar en contacto con la Rusia errante, con los marginados, con los santones, con los monjes, con los campesinos. Y lo llevó a cabo. Visitó de manera secreta diversos monasterios por toda Rusia. Se desplazó por lugares inhóspitos, hablando con los mendigos, con los peregrinos y con los vagabundos. Se convenció que la mayor parte de los rusos, los campesinos, aborrecía Petersburgo[49] y la sociedad burguesa de las ciudades. Él mismo abominó de la capital, trasladándose al poblado de Taganrog, a orillas del Mar de Azov (en el oblast de Rostov). Desde allí visitó el famoso monasterio de San Jorge, en Crimea. En este monasterio se encontró con el venerable santón Fedor Kuzmich, departiendo muchas veces con él, del mismo modo que Kuzmich visitó la residencia imperial en Taganrog. Este es el comienzo del misterio de Alejandro I, que tanta literatura ha generado. Las personas de su confianza, como sus médicos de cabecera, el escocés James Wyllie (Tulliallan, 1768 – St. Petersburgo, 1854) y el ruso Dimitry Tarasov, no llegaron a conocer sus verdaderas intenciones. Sus biógrafos más fidedignos, tales como el príncipe Vladimir  Bariatinsky (El misterio de Alejandro I, París, Payot, 1929), Nikolai Karlovich Schilder (1842-1902), el príncipe Volkonsky y Aleksandr Ivanovich Mijailovski-Danilievsky (Mikhaĭlovskiĭ-Danilevskiĭ) (1790-1848), afirman que su muerte es un enigma indescifrable. Alejandro, a veces, exclamaba que dónde estaría esa Rusia con la que anhelaba fundirse. Llegó incluso a expresar su deseo de abdicar. Murió el 18 de noviembre de 1825, a las once de la mañana, en Taganrog.

El misterio de su muerte se basa en varios hechos. Uno es que corrió el rumor de que a finales de noviembre de 1825 cruzó el yate de un lord inglés el estrecho de los Dardanelos, desembarcando en Beirut el inglés junto con un peregrino ruso llamado Fedor Kuzmich. El supuesto cuerpo embalsamado de Alejandro I no pudo ser contemplado por el pueblo, según era costumbre, por una disposición de Nicolás I, su hermano y sucesor. Un segundo hecho es que en el otoño de 1836, en los confines de Siberia, en Krasnoufimsk (en el oblast de Sverdlovsk), la policía detiene a un jinete sin documentación que declaró llamarse Fedor Kuzmich. Le aplicaron el látigo (knut) y lo encerraron en un calabozo. Al poco tiempo presentóse en el lugar el Gran Duque Mijaíl Pavlovich (1798-1849), hermano de Nicolás I (hijos ambos, junto con Alejandro I, del zar Pablo I), quien sostuvo en la prisión una larga conversación con el peregrino. Éste fue conducido a Bogoyavlensk, en la provincia de Tobolsk (hoy en el oblast de Perm). Más adelante, el mencionado Fedor Kuzmich asombraba a todos por su sólida cultura, su conocimiento de la política internacional y las generosas dádivas que entregaba a los menesterosos. Murió en 1866, a edad muy avanzada. Poco después, cierta noche, nos informa Marcoff, se acercó a la fortaleza de Pedro y Pablo un reducido cortejo fúnebre con un féretro. El cortejo entró en el panteón de Alejandro I y procedió a un cambio de los ataúdes[50].

El extraño destino de Alejandro I ofrece similitudes con el destino histórico del pueblo ruso. Del mismo modo que Alejandro se alejó del trono, el pueblo ruso se encerró en un hermetismo espiritual.

*El sucesor de Alejandro I fue su hermano Nicolás I, que gobernó impidiendo cualquier espíritu crítico. A la muerte de Nicolás I en 1855, le sucedió su hijo Alejandro II, que murió en un atentado terrorista el 1 de marzo de 1881. Con Alejandro II volvieron a florecer las ideas liberales, en correspondencia con el espíritu romántico del emperador. Se proyectaron cinco reformas fundamentales: campesina, agraria, legislativa, urbana y militar. Por el decreto de 19 de febrero de 1861 se abolió la servidumbre. Pero los campesinos rusos no supieron qué hacer con su libertad. La tierra continuó perteneciendo a los terratenientes, y los campesinos se convirtieron muchos en arrendatarios de un trozo de tierra a cambio de un terrazgo en trabajo o en efectivo. La protección del campesino que antes ejercía el señor, desapareció. El campesino era incapaz de valerse con sus propios medios, a todas luces insuficientes. El Banco Agrario y Rural que se creó tampoco cubrió sus necesidades.

El complot que acabó con la vida del zar estuvo organizado principalmente por conspiradores extranjeros. Las reformas, no obstante, estaban dando muy buenos resultados. La exportación de trigo se quintuplicó, se desarrolló enormemente el comercio y las reformas administrativas y jurídicas empezaron a proporcionar ciertas garantías. Pero Rusia, debido a estas mejoras, se granjeó poderosos enemigos exteriores. La juventud universitaria empezó a ser adoctrinada con ideas inicuas y distorsionadas. Se fue perfilando la intelligentsia, que quería conectar con el pueblo, pero que no lo consiguió en absoluto. El campesinado le dio la espalda. Entre otras razones por las fórmulas republicanas que se intentó imbuir en él, así como por la propaganda antirreligiosa y atea. Las ideas del socialismo marxista no le interesaban al campesinado. Lo que a éste le preocupaba era su tierra; tampoco el Estado ruso, ni la política. El campesinado se bastaba con Dios y con el zar. Todavía se conservaba latente el «monarquismo anárquico» de antaño. El campesinado ruso era, además, muy reticente al progreso de la civilización industrial y tecnológica. Los campesinos se habían acostumbrado a tener suficiente con el trozo de tierra que labraban. El terrazgo no suponía una carga excesiva para muchos y la revolución propugnada por los intelectuales socialistas no les interesaba. Pero la intelligentsia estaba convencida de que había que despertar al campesinado de su letargo.

El zarismo de los últimos decenios del siglo XIX había evolucionado mucho con respecto al anterior. En muchos aspectos era incluso más liberal que algunos regímenes republicanos de otros países. Pero esta opinión no ha querido ser escuchada. Un número importante de revolucionarios que cometieron graves atentados contra miembros del Gobierno y de la familia imperial, volvieron de Siberia en 1917, engrosando las filas de la Revolución. La industrialización de Rusia fue imparable durante el reinado de Alejandro III (1881-1894). Pero el Gobierno no estuvo pronto en elaborar una legislación que regulase el trabajo de los nuevos proletarios industriales, circunstancia aprovechada por un capitalismo salvaje y que acrecentó el descontento de los obreros de las ciudades. Este proletariado obrero industrial se vio además incrementado por un gran éxodo rural que buscaba mejores condiciones de vida en las ciudades fabriles. Pero este campesinado que huía no era precisamente el elemento humano mejor del agro, sino o bien personas que se habían arruinado o personas indeseables. Así se fue formando en buena medida el nuevo proletariado urbano. Los campesinos iban transformándose rápidamente en obreros descontentos, y, con ello, en una masa revolucionaria potencial. Todo esto supieron aprovecharlo perfectamente los bolcheviques. Bajo Nicolás II se sucedieron grandes huelgas obreras que culminaron en 1905, en el marco de la derrota rusa en la guerra contra Japón. El Gobierno respondió con una matanza en San Petersburgo el 22 de enero de 1905, cuando se dio la orden de disparar contra los manifestantes, muriendo unos 200 y siendo heridos más de 800. La orden la dio expresamente el tío de Nicolás II, el Gran Duque Vladimir Alexandrovich (1847-1909), hermano de Alejandro III. El zar Nicolás II se encontraba ese día fatídico en la residencia imperial de la localidad de Tsárskoye Seló, próxima a la capital. Poco después se convocó una Duma, que no fue más que una ficción y que fracasó. La Duma sirvió de anfiteatro a la propaganda revolucionaria, pero no expresó ni representó las aspiraciones del campesinado ruso.

En la Corte proliferaron individuos de dudosa reputación. El más célebre fue Rasputín, un sectario, un miembro típico de la aberración patológica del misticismo religioso ruso.

En esta nueva Rusia proletaria, en vísperas de la Revolución, también se fue formando una segunda Rusia errante, bien descrita por Máximo Gorki. Esta nueva Rusia errante se incorporaría a la Revolución a partir de febrero de 1917, a modo de quinta columna. Cuando la Revolución venció, todavía había una asignatura pendiente: doblegar la resistencia del campesinado. De ahí la introducción brutal de la colectivización agraria a través de los koljoses, que supuso la eliminación de los últimos residuos tradicionales en la vida campesina.

 

[1] En el presente resumen, la escritura completa de los nombres de los autores y personajes históricos, la localización exacta de los lugares y topónimos geográficos, la mayor parte de las precisiones cronológicas, las referencias a Helen Iswolsky y a Marcelo López Cambronero y todas las notas al pie, es un trabajo que ha sido llevado a cabo por Enrique Castaños, Doctor en Historia del Arte (diciembre de 2012).

[2] Heródoto habla de los escitas en el Libro IV de su Historia, 5-82, págs. 282-364 de la edición de Gredos, publicada en Madrid en 1986.

[3] Ver Samuel George Frederick Brandon (ed.), Diccionario de religiones comparadas, Madrid, Cristiandad, 1975, pág. 983.

[4] Ibídem, pág. 1443.

[5] Horda, del turco «hordu», campamento.

[6] Su primera esposa, María, había fallecido en 1467, no se sabe si de una epidemia de peste o envenenada.

[7] El término «zar» proviene del título romano de César, que se traslada al ruso como Czar.

[8] En la región del lago Blanco. Este lago, en ruso Ozero (= lago) Beloie, o Beloye, se encuentra en el oblast de Vologda y tiene una superficie de unos 1125 km2.

[9] A unos 129 km al NO de Moscú.

[10] Sobre Máximo el Griego hay una interesante referencia en la mencionada «Introducción» de Marcelo López Cambronero. En ella se resume una de las principales obras de Máximo, su Discurso triste, reproducido en la antología de Olga Novikova Monterde mencionada infra. En él, Máximo recuerda a los Grandes Duques que su misión es buscar la paz y la justicia según el Evangelio. En esa obra aparece una mujer, Basilea (= el Imperio), meditabunda, desconsolada y triste, que se queja de que los emperadores ya no la emplean para el fin con que fue creada. También Marcoff resume este pasaje (pág. 84).

[11] Troitzky = Troitsa = Troitse-Sérguieva Lavra (monasterio de la Santísima Trinidad y de San Sergio), a 71 km al NE de Moscú, en la antigua ciudad de Zagorsk, hoy Sérguiev Posad. // Lavra = Laura = monacato, originalmente una colonia de cuevas de eremitas. Su origen está en el desierto de Nitria (Wadi El Natrun, al oeste del delta del Nilo), en el siglo IV. La palabra «laura» es de origen griego: «corredor», «pasaje», por estar alineadas las celdas.

[12] Wilhelm Lettenbauer, Moscú, la Tercera Roma, Madrid, Taurus, 1963, págs. 41-44 y 53.

[13] Nikolay Biulev, médico de Basilio III. Parece, según indica Marcelo López Cambronero, que profesaba ideas judaizantes, gustaba de la astrología y era partidario de la unión con Roma.

[14] Sobre las costumbres y usos sociales en Rusia, Alexis Marcoff señala dos libros. El primero de N. F. Súmzov, Ceremonias nupciales entre los rusos del siglo XIV (1881), y el segundo del historiador  Ivan Yegorovich Zabelin (1820-1908), Usos y costumbres rusas.

[15] A su primera esposa, Salomonia (Solomonia Saburova), la había hecho entrar Basilio III en el monasterio de la Natividad de Moscú. Murió en 1542 en el monasterio de la Intercesión de la ciudad de Suzdal, al NE de Moscú.

[16] Muerto en prisión, donde fue encerrado por los Chúisky, en 1539.

[17] Caído en desgracia en 1542, Joasaphus Skripitsyn fue enviado al exilio al monasterio de Kirillov, siendo transferido en 1547 al monasterio de Troitse-Sérguieva Lavra, donde murió el 27 de julio de 1555.

[18] Hay un baile de fechas en relación a este hecho. Otros historiadores mencionan el 3, el 7 o el 16 de febrero del mismo año. Esta última fecha es la más aceptada. Seguramente tendrá que ver con la adopción del calendario juliano, entonces vigente en Rusia, o del gregoriano.

[19] Estas cifras las proporciona Ivanovich Kostomarov en su Historia de Rusia, tomo I.

[20] El rey de Polonia, Esteban I Báthory, infligió a los rusos tres derrotas entre 1579 y 1581, que supusieron la conquista de Bielorrusia.

[21] Entre el golfo de Riga y el golfo de Finlandia, ocupando parte de las actuales Letonia y Estonia.

[22] En ruso «Ukráina», esto es, «al borde», «al margen», «en la frontera» (de «krai» = borde).

[23] En el idioma tártaro, «cosaco» significa «vagabundo», «sin hogar».

[24] Publicada en castellano por las editoriales Hyspamérica, Anaya, Sarpe y Akal.

[25] Kosme Zajárich Mínin-Sujorúky.

[26] Nijni-Novgorod. Literalmente: «Ciudad nueva de abajo».

[27] Este monasterio célebre sería fortificado en el decenio de 1640. Fue demolido en sus dos terceras partes por los bolcheviques en 1923, quedando en pie sólo algunas torres, el refectorio, un fragmento de la muralla y una de las seis iglesias de que constaba. En el decenio de 1990 se emprendieron tareas de restauración.

[28] Se trata del Mirror of Theology [Zertsalo bogosloviia], publicado en el Monasterio Pochaev (Dormition Pochayiv Lavra, es decir, dedicado a la Dormición de la Virgen, en Ucrania occidental) en 1618.

[29] En 1669, Neronov se hizo archimandrita del Monasterio  Danilov en Pereslavl’-Zalesskii (en el oblast de Yaroslavl, a 140 km al NE de Moscú).

[30] Nikon fue destituido en 1658 y recluido en diversos monasterios disciplinarios, hasta su muerte el 17 de agosto de 1681.

[31] Farahabad, en la provincia de Mazandaran, cerca de la ciudad de Sari, al sur del Mar Caspio.

[32] Afluente del Volga que desemboca en Nijni-Novgorod.

[33] El mayor afluente del Volga por su margen izquierda. Tiene unos 1.805 km de longitud.

[34] En el oblast de Oremburgo (capital Oremburgo), haciendo frontera con el NO de Kazajstán.

[35] Al norte de la actual Ucrania y al este de Kiev.

[36] Perteneciente al movimiento intelectual narodnik (populismo ruso), fue desterrado en 1871 a la provincia de Arkángel. Colaboró con el Ejército Blanco en Siberia, siendo detenido. En marzo de 1920 murió de tifus en la prisión de Krasnoiarsk (Krasnoyarsk, en Siberia oriental, a orillas del río Yeniséi).

[37] Russian thought Journal.

[38] Puede tratarse de la Histoire de la secte séparatiste appelé Vieux-Croyants, publicada en San Petersburgo en 1855.

[39] Antigua capital histórica de Siberia, hoy en el oblast de Tiumen.

[40] La localidad de Bieloselsk (Bielosersk), en la antigua provincia de Olonetz, estaba situada al SE del lago Onega, casi a medio camino entre el lago y la ciudad de Vologda.

[41] Al este del lago Ladoga, muy cerca de él, estaba la localidad de Olonets.

[42] Pechora es una ciudad de la actual República de Komi, en la zona norte de los Urales, bañada por el río del mismo nombre.

[43] La ciudad de Vologda, en la Rusia europea, está unas 100 millas al NO de Kostroma.

[44] Puede tratarse de la que hay en el actual oblast de Ivánovo, al NE de Moscú. El oblast de Ivánovo está justo al norte del oblast de Vladimir, teniendo ambos una larga frontera común. Aunque también podría tratarse de la existente en el oblast de Moscú, al este de la capital.

[45] «Gente de Dios», aparecidos a finales del siglo XVII, no reconocían los libros eclesiásticos, no entraban en las iglesias ortodoxas y practicaban el ascetismo religioso.

[46] Fundada por Kondraty Selivanov, un campesino del distrito de Orel, en 1770. Practicaban la castración obligatoria, mediante un hierro candente o cortando el pene. Las mujeres también se mutilaban su órgano sexual y se cortaban los pezones. No comían carne.

[47] Ver el libro de Alexis Marcoff, Pugachev, Barcelona, Lumen, 1944.

[48] Llamada Stalingrado desde 1925 a 1961 y Volgogrado desde entonces.

[49] Esto se lo cuenta Dostoyevski en una carta escrita en 1863 al eslavófilo Iván Aksakov.

[50] Es de enorme interés la novela histórica de Dimitri Merejkovsky, El misterio de Alejandro I, Madrid, Espasa-Calpe (Colección Austral, nº 737), 1966.